viernes, 31 de diciembre de 2010

Adelanto 2011. Uno: ¡Viva el teatro Lope de Vega!

El teatro Lope de Vega me ha conquistado para siempre con la programación que ha decidido para el primer semestre del 2011. Algunas de las cosas que vamos a poder ver me han hecho saltar literalmente de la silla al grito de ¡hurra! -un poco cursi, lo sé, pero me veo incapaz de reproducir la verdadera expresión castiza que lancé-; de todos los espectáculos hay sobre todo dos que ya pensaba que nunca vería "El desarrollo de la civilización venidera", adaptación libre e hipotética de "Casa de muñecas" que hace el grandísimo autor y director argentido Daniel Veronese, del 18 al 20 de febrero; y "Todos eran mis hijos", la obra de Miller que, el también autor y director argentino, Claudio Tolcachir estrenó en El Español y que aquí, en Sevilla, se montará del 13 al 15 de abril. Prometo un episodio individual de Veronese pronto, porque este verano leí su teatro y me pareció deslumbrante. La línea de sangre Beckett-Pinter tiene en él a uno de sus mejores vástagos.
Pero continúo: vamos a tener dos Calderones, a finales de enero, del 27 al 30, "El alcalde de Zalamea" y a finales de febrero "El galán fantasma". Estoy cada vez más calderoniano -aunque Luis se meta conmigo por seguir los extaños gustos alemanes- y no pienso perdérmelo.
Más autores patrios, pero contemporáneos: 1. Jardiel Poncela, del que rescatan -y el fenómeno parece que se está generalizando en nuestras editoriales- "Angelina y el honor de un brigadier" con una puesta en escena y unos actores con los que espero reírme un rato del 4 al 13 de febrero; 2. Juan Carlos Rubio con "100m2", hum, no sé, no sé, acabo de ver el trailer y no sé, no sé, del 3 al 5 de marzo. Y sigo con marzo, del 10 al 13, la quinta entrega del Festival Internacional Escena Mobile, uno de los proyectos más hermosos y singulares de la escena española y apuesta personal del director del teatro Antonio Álamo. Terminamos marzo con, bien, bien, La Zaranda y su espectáculo "Nadie lo quiere creer", dos días solamente, el 18 y el 19.
Abril -y ya acabo-, además de "Todos eran mis hijos", nos trae la última dirección de Miguel Narros en estreno nacional "No te pasees desnuda por la sala" una farsa del francés Georges Feydeau que me interesa mucho mucho, del 28 al 30; y "La fiesta de los jueces", del 7 al 9, una obra a la que la critica trató regular pero qué importa la crítica. Un mes de lo más internacional para contrarrestar los chovinismos de la feria.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

"Krapp's Last Tape" de Samuel Beckett por Harold Pinter

De la Videoteca de Humanidades, un blog con materiales muy muy interesantes, rescato esta maravilla. La he visto dos veces y sólo para escribir estas letras y compartirlo interrumpo el tercer visionado. Emoción, emoción, emoción. Gracias.







domingo, 19 de diciembre de 2010

"Rey Lear" por Peter Brook

Ahí va, contra el tedio navideño, la adaptación de Peter Brook de Rey Lear. La primera parte suelta y luego la lista de reproducción del 2 al 9. Los intervalos están pixelados pero son unos segundos. Sólo dos apuntes: los recursos que emplea para dar cuenta de las diferentes cegueras de los personajes de la obra -gran tema- y la lucha constante entre madurez y juventud. A disfrutar.



viernes, 10 de diciembre de 2010

"Queipo, el sueño de un general" en el Teatro Central


Me pregunto cada vez con más frecuencia si el valor de la crítica no es la pura vanidad o si, más allá del esfuerzo grato de aprendizaje que supone para mí, sirve para algo o para alguien. Tengo claro qué me aporta pero la crítica no va dirigida al crítico como tampoco va dirigida a la compañía o grupo de profesionales que se haya encargado de montar el espectáculo. Estas cuestiones me deprimen aunque afortunadamente tengo amigos, Nacho, Sergio, Silvi, Peter, Nat, que me hablan, escriben o llaman a horas intempestivas y apoyan cariñosamente con algunos matices. Uno de los matices que encuentro en sus críticas es la falta de sutileza en mis escritos sobre teatro. Y es cierto que mi expresión es brusca muchas veces y que puedo dar sensación de enfado pero no es así. Si refunfuño es porque creo que tengo razón y que la incompetencia campa a sus anchas en nuestro teatro. Eso hay que denunciarlo siempre. Otra de sus críticas es que soy poco claro o ambiguo en algunas ocasiones. Sí, soy consciente de que a veces me tiembla la mano a la hora de señalar o emitir juicios negativos sobre un espectáculo porque no quiero herir a nadie pero por otra parte no puedo eludir la responsabilidad que supone este oficio y que, pienso, rema en la misma dirección en que lo hacen el resto de profesionales serios de este mundo: un teatro de profesionales que luchan por elevar y hacer más grande, gracias al talento conjunto, el arte dramático.
Estoy inmerso por tanto en una contradicción: ser más sutil y ser más claro. Creo que no sabré hacerlo así que opto por la claridad y el compromiso con lo que hago. Al menos mientras dure esta experiencia.


Había pensado escribir una nueva crítica de "Queipo, el sueño de un general", con más sutileza, con más distancia y más humor, pero releyendo lo que escribí en Diario de Sevilla he pensado que es suficiente sutil y que explico bien por qué no es una buena obra.

lunes, 6 de diciembre de 2010

"Una gata sobre un tejado de zinc" por Alba Editorial

La editorial Alba, poco a poco está contribuyendo a hermosear las estanterías de nuestro mal editado teatro. Sus colecciones Artes escénicas y Artes escénicas/obras, son buenos libros bien traducidos, bellamente compuestos y con textos adicionales oportunos y de agradecer. Un ejemplo de todo esto es Una gata sobre un tejado de zinc, la obra de Tennessee Williams que la editorial nos ofreció en 2007 con todos estos alicientes:
Introducción, por Edward Albee
Nota al texto y Notas para el escenógrafo, por T. Williams
Autor y director: una relación delicada, por T. Williams
Gatas varias, por Brian Parker
Una obrita de un acto cruelmente divertida "Un análisis perfecto hecho por un loro" y una Cronología sobre Williams que pasa el año 83 de su muerte, llegando al 2004 con la publicación de su correspondencia.
De todas formas, la introducción que Albee (Quién teme a Virginia Woolf?) es realmente decepcionante, unas breves palabras sin mucha gracia ni ánimo que apenas ahondan en la escritura del sureño ni su universo. Sí abre, sin embargo, el debate que luego amplia Brian Parker sobre las revisiones y versiones que Williams hizo sobre Una gata sobre un tejado de zinc: Por una parte tenemos el original de Williams -nacido en parte de uno de sus relatos- e inmediatamente después la adaptación de Elia Kazan para su estreno en las tablas de Broadway en 1955. Williams buscaba a Kazan como un caracol la sombra. Pero Kazan introdujo cambios radicales, una evolución en Brick demasiado brusca al final de la obra, la reaparición del personaje del abuelo en el tercer acto.
Williams era inteligente -y lo deja escrito también por aquí- para entender que una obra de teatro trasciende el texto, y lo hace gracias al trabajo profesional de la gente del teatro, así que asumió muchos de los cambios de Kazan para la versión definitiva, o "solución final" de 1974 que es la que nos ofrece Alba. Por cierto que de la versión cinematográfica no quería ni oír hablar y con razón ya que después de leer este descarnado texto, tan ambiguo, desesperado y sexualmente provocador, la versión de la Metro es un algodón de azúcar. Eso sí, la pareja Taylor/Newman es insuperable, o no...?



En la versión original eran Barbara Bel Geddes con Ben Gazzara, la foto de LIFE. En el papel del abuelo Burl Ives, que aparece en la cubierta del libro esperando en camerinos.


También la versión de otra actriz de voz increíble, Kathleen Turner con Daniel Hugh Kelly...



Y, finalmente, la favorita de Tennessee, Elizabeth Ashley, que interpretó a Maggie la gata junto a Keir Dullea, el que luego fuera protagonista de "2001, una odisea" de Kubrick...




domingo, 5 de diciembre de 2010

Prólogo a "Historia de mi vida" de Antón Chéjov

Prohibido el autobombo, ya sé. Y además este libro no es de teatro, también. Pero, no hago esta entrada para hablar de la altísima calidad del relato de Chéjov "Historia de mi vida" -muy recomendable a pesar de la no muy bonita edición-, sino para dejar la primera parte del prólogo que hice a esta nueva versión de la editorial Paréntesis. Lo confieso, me desvié un poco del asunto del relato, forzando la flexibilidad de la rama, para contar -pero sólo en ese principio de prólogo- una anécdota sobre la aparición de la primera obra teatral del maestro ruso. Hay historias que se pasean por la cabeza como un corcho de cava, siempre dispuestas a salta con estrépito y descontroladamente, pues bien esta es una de esas. Y no pude evitarlo. Como disculpa os dejo al final tres ilustraciones maravillosas en relación al Teatro de Arte de Moscú.

PRÓLOGO

Invitación a un corazón ruso
El Teatro de Arte de Moscú tiene como emblema el dibujo simplificado de una gaviota con las alas extendidas; en el telón de boca del escenario, en sus programas de mano, la gaviota recuerda el éxito en su día y la devoción actual que se profesa al drama de Antón Chéjov. La historia tiene algunos recovecos pero simplificándola es esta: Vladimir Nemiróvich-Dánchenko, además del responsable de que, en sus últimos años de vida, el teatro de Chéjov encontrara el aplauso que le había sido negado hasta entonces, fue el amigo que lo alentó a escribir sus tres últimos dramas. Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos seguramente no existirían sin él. Lo animó sin cesar desde su labor de director artístico y literario del Teatro de Arte de Moscú e incluso, el mismo año en el que La Gaviota fracasó rotundamente en su puesta en escena en San Petersburgo, era 1896, renunció a aceptar el premio Griboiédov por su drama El valor de la vida objetándole al jurado del premio que había elegido su obra como la mejor estrenada ese año, que aquel galardón debía ser para La Gaviota. “He ahí el auténtico orgullo de nuestro teatro –escribía Nemiróvich–. Todavía no lo entienden, pero pronto lo entenderán todos”. Dos años después, La Gaviota triunfó en El Teatro de Arte de Moscú.
Este tipo de actitud, orgullosa y desprendida, radical y justa, que nace de una olvidada dignidad humana, la entendemos y vinculamos, gracias a un puñado de escritores rusos, de Gogol a Tólstoi, con la Rusia anterior a la revolución. Lógicamente esto es un mito alimentado por el genio, pero el corazón siempre pertenece a una tierra y el corazón ruso, sea cual sea la nacionalidad del que lo posea, tiene a veces este tipo de posturas inquebrantables de amor a la justicia que tenía Nemiróvich-Dánchenko. Recuerdo, en Guerra y paz –es inevitable nombrar ya a Tólstoi y más si vamos a hablar de Historia de mi vida–, la réplica que un soldado francés, perteneciente al estado mayor del general Kutúzov, da a alguien que cuestionaba su lealtad ante la invasión napoleónica: “soy francés pero mi corazón es ruso”. Chéjov entendía y luchó toda su vida por este tipo de justicias que aspiraban a la creación de un hombre y un mundo mejor: ayudó a la construcción de escuelas y hospitales, atendió desinteresadamente a miles de tuberculosos y campesinos que perdían sus cosechas, fue un incansable edificador de felicidad y bondad para los que lo rodeaban. Esta actitud, que nos recuerda de nuevo a la que Tólstoi y otros intelectuales rusos pedían tanto en la vida como en el arte, la transmitió a muchos de sus personajes, pero lo hizo de una manera original, distanciándose de los maestros que lo precedieron, y entendiendo que el choque con la realidad de sus personajes los convertían, a pesar de los diferentes programas ideológicos o morales que poseyeran, en perdedores e inútiles, hombres y mujeres capaces de arruinar sus propias vidas y la de la gente que los rodeaba.
(...)
En este enlace os dejo el prólogo completo, ay.

Y ahora las ilustraciones:

Este es Nemiróvich-Dánchenko

Nemirovich

Acto I de Tío Vania en el Teatro artístico de Moscú , 1899. De izq a derecha: Artem (Telegin), Lilina (Sonya), Raevskaya (Maria Voynitsky), Stanislavsky (Astrov), Olga Knipper (Elena), Vishnevsky (Voynitsky)

Uncle Vanya MAT

Y una de las fotografías más emocionantes de la historia del teatro, A. Chéjov leyendo "La Gaviota" al elenco del Teatro artístico de Moscú. A la derecha de Chéjov, Stanislavski sentado, y junto a él, Olga Knipper. La mujer de Stanislavski, Maria Liliana, sentada a la izquierda de Chéjov. Sentado en el extremo derecho de la fotografía, Vsevolod Meyerhold; y Vladimir Nemirovich-Danchenko es el primero por la izquierda.

Anton Chekhov reads The Seagull

jueves, 2 de diciembre de 2010

"Garrick" por Tricicle en el Lope

El increíble e incombustible trio Tricicle cumple 30 años y andan estos días por Sevilla con un espectáculo que estrenaron hace unos años, "Garrick". Supongo que no será difícil encontrarlos cualquier mañana paseando por el Parque de María Luisa o una noche en el Rinconcillo. Los tópicos sevillanos -los maravillosos y universales junto a los más vulgares y populistas- cuentan con uno para mí inexplicable: el de la gente con gracia, ¿los sevillanos? Como en la capital parece asumido que la gracia es uno de nuestros patrimonios inmateriales, la gran Patricia Godino abre la llegada de Tricicle con un titular de los buenos. Suficiente, claro, para que el personal se arremoline y se monte la tremolina. Ains.
Esta fue la crítica para Diario de Sevilla.