sábado, 1 de octubre de 2011

"The Boy who cried Wolf" en el Hebbel Theather

Desde la Potsdamer Platz se toma la Stresemannstraße y se baja y se baja, ya en pleno barrio de Kreuzberg, hasta el número 29; ahí el Teatro Hebbel resiste como un coloso de sillares grises y bar encantador. No voy a ponerme pesado con la historia de este teatro ni de su arquitecto (que podéis leer aquí), sólo un apunte jugoso: construido entre 1908 y 1909 -se abrió en enero de 1909- fue de los pocos teatros que permanecieron en pie en Berlín tras la derrota alemana en la segunda guerra; rápidamente el teatro recuperó su actividad -"Die Dreigroschenoper", "La ópera de tres centavos" de B. Brecht lo reabrió-, y también recuperó, claro está, el público, que acudía entre ruinas a las veladas que pagaba -lo explica el enlace de arriba- como podía, incluido el pago en carbón. Si el teatro no es alimento y calor que venga alguien a explicármelo.



El Hebbel Theater ha acogido desde el 15 de septiembre hasta el primero de octubre el Festival "Testing Stage. A Window to Performa New York", un programa de nuevos creadores que llevan al leguaje teatral las nuevas técnicas audiovisuales y las viejas de la performa y las bellas artes. Un Festival perfecto para este teatro que organiza conjuntamente con la bienal Performa New York.
"The Boy who cried Wolf" de Simon Fujimara cerró el Festival y yo tenía la esperanza de que mi inglés no fuera tan malo como para no enterarme de nada y que la obra no fuese esencialmente hablada. La obra o, mejor dicho, las tres obras, efectivamente, eran esencialmente habladas y me enteré más bien mal del argumento cuando después, en el descanso y la salida, contrasté con mi maravillosa acompañante lo que yo pensaba que pasaba con lo que decía en realidad. Pero ¡eh! esto es teatro y el teatro no es solo palabra. Así que ahí estaba centrado en las pocas frases que podía entender y en el resto de cosas que sí podía entender. La primera es que Simon Fujiwara no es un actor pero es un buen orador; un autor con capacidad para enganchar con sus exposiciones. Es un poco un híbrido entre un orador TED y un cuentacuentos. La segunda es que Fujimara tiene talento imaginativo. Sus invenciones son interesantes, no son tramas sino sucesos, investigaciones, descubrimientos ocurrentes y con un punto de divertimento; pero además tiene la otra imaginación, la de la exposición, la de la técnica, utiliza junto al discurso, la instalación, las pantallas donde mostrar gráficos, infografías, fotografías, recreaciones artísticas que nos trazan una verdadera línea de investigación. Esa es la trama: la recreación, a partir de una ficción que intenta ligar a su propia vida, de un mundo paralelo. Y con esto Fujimara consigue levantar sus historias y que el personal entre en ese mundo. En fin, imaginación y técnica y público embobado, eso es... ¿arte? Yo diría que sí.
He visto algún video de Fujimara, como el que cuelgo a continuación de la Serpentine Gallery y el que le sigue, donde se ve el trabajo artístico y técnico que acompaña a sus trabajos; pero en las tres historias que componen "The boy..." el autor intenta cambiar la exposición brillante del aula por la puesta en escena.

Simon Fujiwara - Mapping The Frozen City from Serpentine Gallery on Vimeo.


The Frozen City at Frieze Art Fair 2010 from Paul Beany Hines on Vimeo.


Desgraciadamente no encuentro ningún vídeo en el que se pueda ver cómo lo hizo pero sí alguna fotografía.


¿Alguna conclusión? Es difícil trasladar al escenario sus exposiciones y, desgraciadamente, siempre queda algo de formato ajustado a otro formato, una impresión que sin embargo no ocurre en la primera de las historias "The Mirror Stage", realmente lírica y que olvida el género "conferencia" por el de "confesión o diálogo", aunque sea ante un espejo interpretado por un sorprendente niño Qui Bo Hofstede. Pero qué más da, teatro sí, teatro no, estamos ante un nuevo arte capaz de adaptarse a diferentes ámbitos, es más, un nuevo arte cuya esencia es esa precisamene, multiplicarse en video, en escena, en libros y demás canales; un arte que intenta construir tomando herramientas y materiales de donde le viene en gana.

viernes, 8 de abril de 2011

"La fiesta de los jueces" en el Lope de Vega


La historia es un cuento maravilloso lleno de símbolos y mala leche. Tiene su viejo "lobo" corrupto y sus jóvenes amantes pero es más; es una divertida crítica social contra el estamento jurídico y cómo la burocracia lo enfanga todo, quien viva en España lo entiende. Además la obrita tiene su punto psico y profundo en la forma de plantearse: está el sexo, claro, y la conveniencia social, y la lealtad. Su autor, Heinrich von Kleist, se puede convertir rápidamente en una obsesión para cualquiera. Estamos en el nacimiento del romanticismo, Europa es devorada por Napoleón y un joven von Kleist es un soldado prusiano derrotado una y otra vez en el campo de batalla y en los ambientes intelectuales. Sus dramas no se representan, sus obras se olvidan o son ignoradas. Viaja por Europa, lanza panfletos y abre revistas contra el invasor francés. Con apenas treinta y cuatro años se suicida junto a su compañera y musa a la que, enferma terminal, dispara para luego terminar con él mismo. Von Kleist ist ein klischee, pienso luego, je. Sí, es como ver el ideario romántico llevado a la práctica. Un romántico de libro. Su espíritu tuvo todos los inconvenientes y debilidades de esa ingenuidad romántica, el nacionalismo y el sentimentalismo, pero también tuvo la grandeza, el amor y la juventud plena. Por otra parte, estas debilidades, al menos en el caso de "El cántaro roto", obra en la que se basa esta fiesta de jueces, no se filtraron a sus historias. Si uno ama a un autor es difícil no sentarse en el teatro a escuchar a un amigo. Tengo que leer su ensayo sobre teatro de marionetas.
Aquí la pequeña crítica del espectáculo.
Y ahora un montaje en München bajo los efectos, creo, de setas alucinógenas con doble subida de telón incluida, y el que viaja por España.



sábado, 26 de marzo de 2011

"Amar en tiempos revueltos" en el Lope de Vega

La montaña rusa -y no me refiero a la comedieta del Sr. Fernández-. ¿Es lo que nos merecemos? La crítica para Diario de Sevilla.
Como Jan Fabre ha estado en el Central estrenando su "Prometeo" y eso nos ha alegrado un poco, no tanto, el mes. Os dejo aquí el enlace de tve del programa ¡semanal! Mi reino por un caballo. En la entrevista dice cosas interesantes aunque me resulta un poco redicho, nada que ver con Veronese, mi héroe últimamente.

viernes, 4 de marzo de 2011

Muestra El Teatro que Viene, en la Sala Duque-La Imperdible

Cubrir este tipo de muestras es uno de los trabajos menos rentables en los que un crítico puede entrar porque son muchos días de teatro y se ven algunos espectáculos y artistas aún muy verdes pero compensa por el buen ambiente, por el amable trato de Antonio Torres del CICUS y la gente de la Imperdible, y por ver o al menos intuir ese primer brote de talento. Lo creais o no es una iluminación y la esperanza acude como una claridad cuando, de entre los jóvenes, se atisba el talento, la intuición creativa. Ha habido algo de todo esto en esta Muestra de la que os hablo aquí.

sábado, 26 de febrero de 2011

"El desarrollo de la civilización venidera" en el Lope de Vega

La programación del Lope es una especie de montaña rusa. Entiendo que hay que cubrir los gustos de la ciudad, incorporar espectadores, hacer, a veces, de tripas corazón pero algunas veces me indigna que el teatro de la ciudad lo ocupen espectáculos que deberían, con orgullo, hacerlo en las salas comerciales. Así que en vez de seguir con el cabreo que me ha producido ver 100 m2, voy a hablar de un montaje y un texto caníbal, la libre adaptación que Veronese ha realizado de "Casa de muñecas" de Ibsen, bajo el nuevo título de "El desarrollo de la civilización venidera", y que tuvimos la suerte suertuda de ver, sí, en el Lope. Entonces estábamos es la parte más alta de la montaña rusa.



Estamos en "Casa de muñecas", quien no la haya leído que lo deje todo y la compre, tiene excelente versión en Cátedra en sus Letras Universales. Estamos ahí, en llevar la obra cumbre -no es mi favorita pero qué obra- de Ibsen al siglo XXI, a nuestros días. Hay que hacer una Nora de hoy, ese es el principal escollo, hay que construir una Nora que entendamos y que nos explique hoy la historia. ¿Que quién es Nora? Uf. Por un lado Nora es una mujer que se ha dejado llevar, a querido ser la débil, el pichoncito, ser cuidada y arropada, es una niña que come golosinas a escondidas. ¿Por qué a escondidas? Porque su marido no quiere que las coma, su marido es el coloso, el que la protege con sus grandes alas; un hombre de éxito, un hombre influyente y rígido, inflexible. ¿Y qué provoca esto? Un juego, una pareja que juega a ser pareja, con unos roles también inflexibles: ella es la muñequita, él es el papá. En difinitiva, son dos desconocidos.


Pero Nora esconde un gran secreto. Nora ha realizado un gran sacrificio oculto a su marido. Asumió una deuda económica de un individuo estigmatizado y va a pagar ese sacrificio. Este es un concepto clave en la obra porque va a llegar el momento en el que Nora va a esperar igual sacrificio por parte de su marido -que olvide su error y se sacrifique por ella- y éste no lo va a hacer. El salto del siglo XIX a nuestros días es reorientar el sacrificio social al sacrificio personal. En el XIX que una mujer abandone a su familia es una bomba; hoy lo es la posesión y la tiranía que el varón ejerce con su violancia física.


Veronese entra en la obra como una corriente de aire que lo tira todo al abrir una puerta -las puertas de esa casa de muñecas-, y coloca a todos los personajes rápidamente en el juego. Es directo: Nora es una mujer hiperactiva cuyo juego continuo se traslada a lo físico, saltos, mímica ininterrumpida; el marido es una mole sobre la que pivota la joven esposa; y el texto, el texto es un prodigio que enlaza la obra de Ibsen con comentarios a la obra de Bergman "Escenas de un matrimonio", un texto plagado de referencias y contextualizaciones contemporáneas. El ritmo es frenético, la escenografía y las relaciones desasosegantes.


Luego se va uno a su casa y piensa un día, y piensa otro, y la obra vuelve, vuelven sus matices, sus pataletas, su incomprensión, su revolucionaria modernidad, su complejidad moral y artística. Lo ha hecho Ibsen, lo ha hecho Veronese. Bravo.

Y aquí tenéis al talentoso en el 2005. No sé, para mí es grande.



viernes, 25 de febrero de 2011

"El galán fantasma" en el Lope de Vega

Ahí va la crítica para el Diario de Sevilla. Por cierto que para ver un Calderón realmente sorprendente recomiendo el fantástico documento que se proyecta en una cutrísima expo del CAAC: "El Príncipe constante" en versión polaca con subtítulos del amigo Grotowski. Un teatro que se deja la vida.


JERZY GROTOWSKI. Fotograma de la película The Constant Prince.
Dir. Torgeir Wethal, 1966.

sábado, 19 de febrero de 2011

"La Barraca del Zurdo" en el Teatro Central

Cosas que no me gustan de "La Barraca del Zurdo" -nueva producción de Laví e Bel con texto y dirección de Emilio Goyanes- y que hacen que resople y resople. Los clichés. Esta es una historia que se pasa de clichés, a saber: el artista de izquierdas comprometido, buenísima persona, una joven fina de familia bien que lo deja todo por él, se casan, se hacen sus Misiones pedagógicas, se hacen su guerra civil actuando en el frente y el Madrid sitiado, se exilian, se quieren mucho todo el rato, y los hijos que van teniendo, buenísimos todos, revolucionarios, no se sabe muy bien de qué, si libertarios, socialistas, comunistas -esto estaría bien saberlo porque la gente se confunde y no era lo mismo-. Y quieren volver a España todo el rato pero no lo harán hasta que en el 83 ganen los socialistas las elecciones y vuelven muy viejitos y se mueren. Personalmente me encantan los cuentos y esto se podría tomar como un cuento pero es que los cuentos, en su aparente simplicidad son muy complejos, manejan una simbología muy precisa que remite directamente a un fabulario común y cultural. "La barraca del zurdo" sin embargo pasa de puntillas por todo lo que hay de complejo y fascinante en la vida de los cómicos que lucharon y se vieron, por compromiso o coacción, obligados a dejar su país. La historia que cuenta -no se engañe nadie- no es la historia del siglo xx ni la de esos cómicos. Demasiadas buenas intenciones que no sirven para contar nada. La superficialidad de la historia y de los caracteres es tal que me parece un milagro que los cuatro actores que levantan esa función cada noche no griten:¡no puedo! El sentimentalismo es de lo más barato e intentar vender toda esta historia como hechos reales -sea como sea, el asunto es la calidad de la historia- una campaña de despiste con una dirección que apunta a la emotividad y no a la inteligencia. Algo de muy mal gusto. Las imágenes proyectadas, finalmente, de los republicanos que huían de los traidores, es un ejemplo más de recurso mal empleado. Muchas trampas sin sentido. Imágenes tan dramáticas no pueden servir de transición ni de lagrimita, es un asunto de respeto. El día que fui además las proyecciones se vieron afectadas por un problema técnico y en la pantalla se vio la marca del ordenador, hay que estar más concentrado. Por otro lado tenemos la música que tiende también a una popularidad mal entendida, con arreglos de comparsa y melodías suaves, muy poco del género, francamente.
Así que poca sangre, poco alcohol, poco cachondeo, poca tosquedad, poca brutalidad, poca provocación, poca hambre, poca crisis, con la que está cayendo, poco de todo y demasiada propaganda. Así he sentido el argumento y la ideología subyacente a la historia. Ahora bien, hay aspectos de calidad en este espectáculo, ante todo las cuatro actuaciones de Larisa Ramos -que sufrió problemas de sonorización, lástima-, Nerea Cordero, Piñaki Gómez y Antonio Leiva. El reparto de esta obra mantiene el ritmo del espectáculo y han asimilado y proyectado el mejor dibujo de los treinta y pico personajes que asumen en la hora y media. Tienen unas voces muy buenas, entonadas, acopladas, se escuchan y lo hacen a la perfección, individualmente tanto Larisa Ramos como Nerea Cordero son dos estrellas, tienen movimiento, expresión y se agarran a las escenas como si les fuera la vida, bien por ellas. Piñaki y Antonio se complementan como un dedo a un donuts, son actores diferentes pero tienen un perfil de teatro musical perfecto, lástima que sus números no tuvieran la fuerza esperada porque estoy seguro de que podrían dar mucho más. Para ellos cuatro este espectáculo se queda corto. Con todo, hay diez minutos glorisosos de música, coreografía, mímica y sentido y es cuando hacen picadillo a Hitler, ese siempre es un buen plan.

sábado, 5 de febrero de 2011

"Angelina o el honor de un brigadier" en el Lope de Vega

Más de una semana va a estar en el Lope la nueva vieja -ya lleva un año rodando por España- producción de Pérez de la Fuente que se ha parado en Jardiel Poncela esta vez para montar su "Angelina" y hacer un tipo de teatro que es pura parodia, pura fantasía, puro sentimiento infantil. Ha tenido la precaución, eso sí, de elegir un reparto de altura, porque si no la cosa podría haber descarrilado en función de instituto privado. De Jardiel no voy a descubrir nada, sus altibajos creativos demuestran la verdedera vocación del hombre, que era el juego y la sonrisa o sea la guasa. A mí me gusta Jardiel por la misma razón que Benavente le gustaba a Gómez de la Serna y a Jardiel. Este tipo de frases es muy de algunos escritores de hoy que imitan a los de la época y son, en definitiva, unos oxidados. El madrileñismo de Jardiel, de Chueca era mozo y en Chueca la palmó, es de lo menos gracioso de su teatro pero como su teatro es, en muchos casos, una parodia de otros teatros y otros géneros, pues se le cuela la Corte y el deje detestable. Pero crece tanto Jardiel cuando mira al Altántico que le perdonamos hasta lo de la Virgen de Atocha.
Aquí dejo la crítica para el Diario de Sevilla.

Y aquí el vidrio. Ea.

viernes, 21 de enero de 2011

Apuntes sobre el teatro de Alfredo Sanzol

Alfredo Sanzol ha traído a Sevilla tres obras que por su estructura y espíritu ha querido agrupar como una trilogía: Risas y destrucción (2006), Sí, pero no lo soy (2008) y Días estupendos (2010), tres pequeñas piezas, compuestas a su vez por muchas otras pequeñas piezas que, por el momento, se han convertido en la espina dorsal de su teatro como creador, porque Sanzol es autor pero también dirige estas obras y dirige más, con Gerardo Vera, por ejemplo, para el CDN y en catalán, con Belbel y T de Teatre, por ejemplo, otra obra escrita por él Delicades, que vio Inma en Barcelona y salió impresionada.
La experiencia de programar las tres obras en días sucesivos y, finalmente, las tres obras en un solo día -será este sábado en el Central-, ha servido para mostrarnos qué le interesa al autor de Pamplona y cómo le interesa contarlo. A saber.
1. El humor. Lo primero es decir que cuente lo que cuente a Sanzol le interesa el humor, el humor a todos los niveles pero sobre todo aquel que ocurre a causa de la propia experiencia -tantas veces ridícula- del hombre o a causa de sus complejos o fantasías disparatadas. El deseo, la incomunicación, las relaciones con los otros, los grandes temas tratados con la distancia sufiente, la ironía sufienete y el juicio suficiente para que nos resulten divertidos.
2. Lo que oculta la risa. Pero lo que oculta la risa es un espejo. Nuestra propia fantasía inconfesable, nuestras miserias y ruindades.
3. David Lynch. En uno de sus pequeños relatos, uno de los personajes dice que no le gusta David Lynch pero me huelo que a Sanzol mucho y que la sala de fiesta roja de Sí, pero no lo soy, y los episodios oníricos que atraviesan las tres obras tienen un algo o un mucho del director americano.
4. Realismo no naturalista, realismo mágico. La realidad está centrifugada en casi todas las historias de Sanzol. Bien elige el momento climático de una historia y nos pincha el globo o bien se dirige a una solución totalmente inesperada. Tiene una capacidad impresionante para sorprender, para provocarnos la extrañera o para volar a mundos paralelos y, en una pirueta imposible, volver al humor.
5. La palabra. La obsesión por la palabra, por los acentos -usa, por supuesto, el navarro, y también el gaditano y el portorriqueño, y el argentino, y el gallego y más-, como nuestra carta de presentación, como el vehículo que nos explica en gran medida. El lenguaje como un retrato de nosotros mismos y las palabras como la dificultad por comunicarnos. Todo esto es un problema de comunicación.
6. El sexo, la identidad, las relaciones. Una sexualidad desprejuiciada, brutal a veces, jugando siempre con el coqueteo, con la atracción de unos a otros, "somos seres sexualmente activos hasta nuestra muerte", y dice tanto de nosotros la sexualidad, dice cómo nos gusta jugar, cuanto de exagerados o vanidosos somos y Sanzol atrapa todo eso y lo hila fino con otras intimidades que tienen que ver con la imagen que proyectamos, con las máscaras infinitas que tenemos para el mundo.
7.Enorme melancolía. Ver cómo pasa de nuevo el verano de nuestras infancias tiene algo perturbador, tumbarse en el césped como ya no hacemos, montar en bici sin un destino, sentir que el amor, la familia, nuestra historia no es exactgamente lo que quisimos, que los paraísos perdidos existen sólo en nuestra imaginación, eso es melancolía.
8. Los monólogos. El teatro de Sanzol incluye canciones y coreografías que sirven, junto a la risa, para que la presión baje y el ritmo frenético de ideas y sensaciones no nos colapse, entiende el ritmo del teatro y respira con el público pero no tiene miedo tampoco a la hora de parar la acción y recrearse en una historia bien contada, un actor frente al público narrando.
9. Trabajo con actores. Lo que han conseguido Juan Antonio Lumbreras, Paco Déniz, Pablo Vázquez, Elena González y Natalia Hernández en esta trilogía es un trabajo impresionante, no sólo entran en el pellejo de ¿cuántos personajes? ¿un centenar? ¿más?, sino que lo hacen sin interrupción y con una energía y un equilibrio mental desconcertante. Los monólogos, la rapidez en las réplicas y en los cambios de registro, la sincronización y las entradas y salidas medidas, todo me deslumbra en ellos, y el relax, lo cómodo que están en escena; bien, bien por ellos.

Estos días no se me han quitado de la cabeza algunas frases que leí en El espacio vacío y que creo que explican mejor de lo que yo lo haría todo esto: "El arsenal es ilimitado (habla del teatro tosco, el más popular): los apartes, los letreros, las referencias tópicas, los chistes locales, la utilización de cualquier imprevisto, las canciones, los bailes, el ruido, el aprovechamiento de los contrastes, la taquigrafía de la exageración, (...) por lo general, el público popular no tiene dificultad en aceptar incongruencias de inflexión o de vestimenta, o en precipitarse del mimo al diálogo, del realismo a la sugestión. (...) lo sucio y lo vulgar son cosas naturales, la obscenidad es alegre, y con estos elementos el espectáculo adquiere su papel socialmente liberador, ya que el teatro popular es por naturaleza antiautoritario, antipomposo, antitradicional, antipretencioso. Es el teatro del ruido, y el teatro del ruido es el teatro del aplauso"
Creo que el de Sanzol es un teatro popular, donde la frescura, de nuevo Brook, lo es todo; pero creo además que va más allá de la propia sentimentalidad y alcanza cotas de reflexión y espiritualidad importantes. Yo me he sentido emocionado hasta las lágrimas ante este despliegue de talento, inteligencia y trabajo profesional.

Os dejo la crítica de Días estupendos que hice para el Diario de Sevilla.

Pd. Hoy los he visto a todos -autor y actores- desayunando en la Alameda y me entraron ganas de acercarme y sentarme con ellos tan normal. Ya son familia, pensé, claro.
Pd2. De Alfredo, la amabilísma Neri Miranda, me pasó el móvil para hacerle una entrevista pero finalmente parece que para el Diario no puede entrar y pedirla para este blog es un corte, uf. No problem, habrá nuevas y mejores oportunidades.

lunes, 17 de enero de 2011

"Las tres hermanas", drama en cuatro actos

Leer Las tres hermanas hoy, y reencontrarse con algunos de los temas favoritos de Chéjov: el tedio, no avanzar a ninguna parte, aburrirse, autoengañarse con futuros improbables, no cumplir las propias espectativas ni las de los que nos rodean. Me llama la atención que el motivo de las tres hermanas sea tan recurrente en la tradición literaria popular de muchos pueblos y que llegue, sin ir más lejos, hasta el mismo Woody Allen. Pero esto no es cuento, esto es un drama. El drama de una familia arrastrada a la vulgaridad, la esterilidad, la rueda rutinaria de una existencia sin gracia ni compañía grata. Hay un dolor en las tres hermanas que se llama decepción, ninguna de ellas, ni Olga, ni Masha ni Irina son capaces de superarla. Quizá deba ser así y no importe nada, como afirma en varias ocasiones el doctor Chebutikin "aunque en realidad, claro, todo es absolutamente igual". Pero por qué hoy es moderna esta obra, por qué habla tan a las claras de un espíritu que aún es el paradigma de nuestra sociedad. ¿Habrá, como afirma Vershinin -simple y adúltero-, un futuro de hombres mejores, más formados que mire nuestra alma como la de un animal diferente, o por el contrario -como dice Tusenbach- seguiremos siendo un mismo corazón y teniendo los mismos anhelos? El hombre que aquí se retrata, en este drama desasosegante y desesperanzado, es el espejo más claro en el que hoy me puedo mirar. ¿Soy el Andrei engordado, soy la Irina que finalmente entiende la mentira de la esperanza, soy la Olga atrapada en su soltería y su Liceo, o la Masha hastiada, o Saloni o Tusenbach? ¿Una campana en la que se puso tanto tiempo y tanto dinero y que en el momento de subirla para que tocase se cayó al suelo quedando inservible, sin ton ni son? ¿Cuánto puede pesar una aspiración o una espectativa no cumplida? ¿Cuánto un deseo no realizado? Y peor aún, qué hay en la rutina de pequeño veneno cotidiano que nos va transformando en seres alejados de la belleza, del pensamiento y la bondad, en seres momificado, petrificados, horribles, inútiles. Leer hoy Las tres hermanas es algo de esto, y más.
De Eduardo Coutinho, del que Manuel J. Lombardo ya me recomendó "Jogo de cena" cuelgo el trailer de "Moscou", un "Las tres hermanas" que hay que ver. Bien.

sábado, 15 de enero de 2011

'Won Woman Show' de Laura Herts en la Sala Cero

La programación del CICLOWN salta de un mes a otro como un buen saltador de triple salto y hasta abril nos va seguir trayendo a Sevilla algunos de los mejores payasos internacionales que, en algunos casos, darán también Clases maestras gratuitas y conferencias. El ciclo tiene un blog poco activo -incluso menos que este-. El caso es que este enero ha venido Laura Herts, clown norteamericana afincada en Francia, y ha montado un esforzado espectáculo de más de hora y media muy divertido y comprometido; dejo la crítica que hice para Diario de Sevilla.