viernes, 21 de enero de 2011

Apuntes sobre el teatro de Alfredo Sanzol

Alfredo Sanzol ha traído a Sevilla tres obras que por su estructura y espíritu ha querido agrupar como una trilogía: Risas y destrucción (2006), Sí, pero no lo soy (2008) y Días estupendos (2010), tres pequeñas piezas, compuestas a su vez por muchas otras pequeñas piezas que, por el momento, se han convertido en la espina dorsal de su teatro como creador, porque Sanzol es autor pero también dirige estas obras y dirige más, con Gerardo Vera, por ejemplo, para el CDN y en catalán, con Belbel y T de Teatre, por ejemplo, otra obra escrita por él Delicades, que vio Inma en Barcelona y salió impresionada.
La experiencia de programar las tres obras en días sucesivos y, finalmente, las tres obras en un solo día -será este sábado en el Central-, ha servido para mostrarnos qué le interesa al autor de Pamplona y cómo le interesa contarlo. A saber.
1. El humor. Lo primero es decir que cuente lo que cuente a Sanzol le interesa el humor, el humor a todos los niveles pero sobre todo aquel que ocurre a causa de la propia experiencia -tantas veces ridícula- del hombre o a causa de sus complejos o fantasías disparatadas. El deseo, la incomunicación, las relaciones con los otros, los grandes temas tratados con la distancia sufiente, la ironía sufienete y el juicio suficiente para que nos resulten divertidos.
2. Lo que oculta la risa. Pero lo que oculta la risa es un espejo. Nuestra propia fantasía inconfesable, nuestras miserias y ruindades.
3. David Lynch. En uno de sus pequeños relatos, uno de los personajes dice que no le gusta David Lynch pero me huelo que a Sanzol mucho y que la sala de fiesta roja de Sí, pero no lo soy, y los episodios oníricos que atraviesan las tres obras tienen un algo o un mucho del director americano.
4. Realismo no naturalista, realismo mágico. La realidad está centrifugada en casi todas las historias de Sanzol. Bien elige el momento climático de una historia y nos pincha el globo o bien se dirige a una solución totalmente inesperada. Tiene una capacidad impresionante para sorprender, para provocarnos la extrañera o para volar a mundos paralelos y, en una pirueta imposible, volver al humor.
5. La palabra. La obsesión por la palabra, por los acentos -usa, por supuesto, el navarro, y también el gaditano y el portorriqueño, y el argentino, y el gallego y más-, como nuestra carta de presentación, como el vehículo que nos explica en gran medida. El lenguaje como un retrato de nosotros mismos y las palabras como la dificultad por comunicarnos. Todo esto es un problema de comunicación.
6. El sexo, la identidad, las relaciones. Una sexualidad desprejuiciada, brutal a veces, jugando siempre con el coqueteo, con la atracción de unos a otros, "somos seres sexualmente activos hasta nuestra muerte", y dice tanto de nosotros la sexualidad, dice cómo nos gusta jugar, cuanto de exagerados o vanidosos somos y Sanzol atrapa todo eso y lo hila fino con otras intimidades que tienen que ver con la imagen que proyectamos, con las máscaras infinitas que tenemos para el mundo.
7.Enorme melancolía. Ver cómo pasa de nuevo el verano de nuestras infancias tiene algo perturbador, tumbarse en el césped como ya no hacemos, montar en bici sin un destino, sentir que el amor, la familia, nuestra historia no es exactgamente lo que quisimos, que los paraísos perdidos existen sólo en nuestra imaginación, eso es melancolía.
8. Los monólogos. El teatro de Sanzol incluye canciones y coreografías que sirven, junto a la risa, para que la presión baje y el ritmo frenético de ideas y sensaciones no nos colapse, entiende el ritmo del teatro y respira con el público pero no tiene miedo tampoco a la hora de parar la acción y recrearse en una historia bien contada, un actor frente al público narrando.
9. Trabajo con actores. Lo que han conseguido Juan Antonio Lumbreras, Paco Déniz, Pablo Vázquez, Elena González y Natalia Hernández en esta trilogía es un trabajo impresionante, no sólo entran en el pellejo de ¿cuántos personajes? ¿un centenar? ¿más?, sino que lo hacen sin interrupción y con una energía y un equilibrio mental desconcertante. Los monólogos, la rapidez en las réplicas y en los cambios de registro, la sincronización y las entradas y salidas medidas, todo me deslumbra en ellos, y el relax, lo cómodo que están en escena; bien, bien por ellos.

Estos días no se me han quitado de la cabeza algunas frases que leí en El espacio vacío y que creo que explican mejor de lo que yo lo haría todo esto: "El arsenal es ilimitado (habla del teatro tosco, el más popular): los apartes, los letreros, las referencias tópicas, los chistes locales, la utilización de cualquier imprevisto, las canciones, los bailes, el ruido, el aprovechamiento de los contrastes, la taquigrafía de la exageración, (...) por lo general, el público popular no tiene dificultad en aceptar incongruencias de inflexión o de vestimenta, o en precipitarse del mimo al diálogo, del realismo a la sugestión. (...) lo sucio y lo vulgar son cosas naturales, la obscenidad es alegre, y con estos elementos el espectáculo adquiere su papel socialmente liberador, ya que el teatro popular es por naturaleza antiautoritario, antipomposo, antitradicional, antipretencioso. Es el teatro del ruido, y el teatro del ruido es el teatro del aplauso"
Creo que el de Sanzol es un teatro popular, donde la frescura, de nuevo Brook, lo es todo; pero creo además que va más allá de la propia sentimentalidad y alcanza cotas de reflexión y espiritualidad importantes. Yo me he sentido emocionado hasta las lágrimas ante este despliegue de talento, inteligencia y trabajo profesional.

Os dejo la crítica de Días estupendos que hice para el Diario de Sevilla.

Pd. Hoy los he visto a todos -autor y actores- desayunando en la Alameda y me entraron ganas de acercarme y sentarme con ellos tan normal. Ya son familia, pensé, claro.
Pd2. De Alfredo, la amabilísma Neri Miranda, me pasó el móvil para hacerle una entrevista pero finalmente parece que para el Diario no puede entrar y pedirla para este blog es un corte, uf. No problem, habrá nuevas y mejores oportunidades.

lunes, 17 de enero de 2011

"Las tres hermanas", drama en cuatro actos

Leer Las tres hermanas hoy, y reencontrarse con algunos de los temas favoritos de Chéjov: el tedio, no avanzar a ninguna parte, aburrirse, autoengañarse con futuros improbables, no cumplir las propias espectativas ni las de los que nos rodean. Me llama la atención que el motivo de las tres hermanas sea tan recurrente en la tradición literaria popular de muchos pueblos y que llegue, sin ir más lejos, hasta el mismo Woody Allen. Pero esto no es cuento, esto es un drama. El drama de una familia arrastrada a la vulgaridad, la esterilidad, la rueda rutinaria de una existencia sin gracia ni compañía grata. Hay un dolor en las tres hermanas que se llama decepción, ninguna de ellas, ni Olga, ni Masha ni Irina son capaces de superarla. Quizá deba ser así y no importe nada, como afirma en varias ocasiones el doctor Chebutikin "aunque en realidad, claro, todo es absolutamente igual". Pero por qué hoy es moderna esta obra, por qué habla tan a las claras de un espíritu que aún es el paradigma de nuestra sociedad. ¿Habrá, como afirma Vershinin -simple y adúltero-, un futuro de hombres mejores, más formados que mire nuestra alma como la de un animal diferente, o por el contrario -como dice Tusenbach- seguiremos siendo un mismo corazón y teniendo los mismos anhelos? El hombre que aquí se retrata, en este drama desasosegante y desesperanzado, es el espejo más claro en el que hoy me puedo mirar. ¿Soy el Andrei engordado, soy la Irina que finalmente entiende la mentira de la esperanza, soy la Olga atrapada en su soltería y su Liceo, o la Masha hastiada, o Saloni o Tusenbach? ¿Una campana en la que se puso tanto tiempo y tanto dinero y que en el momento de subirla para que tocase se cayó al suelo quedando inservible, sin ton ni son? ¿Cuánto puede pesar una aspiración o una espectativa no cumplida? ¿Cuánto un deseo no realizado? Y peor aún, qué hay en la rutina de pequeño veneno cotidiano que nos va transformando en seres alejados de la belleza, del pensamiento y la bondad, en seres momificado, petrificados, horribles, inútiles. Leer hoy Las tres hermanas es algo de esto, y más.
De Eduardo Coutinho, del que Manuel J. Lombardo ya me recomendó "Jogo de cena" cuelgo el trailer de "Moscou", un "Las tres hermanas" que hay que ver. Bien.

sábado, 15 de enero de 2011

'Won Woman Show' de Laura Herts en la Sala Cero

La programación del CICLOWN salta de un mes a otro como un buen saltador de triple salto y hasta abril nos va seguir trayendo a Sevilla algunos de los mejores payasos internacionales que, en algunos casos, darán también Clases maestras gratuitas y conferencias. El ciclo tiene un blog poco activo -incluso menos que este-. El caso es que este enero ha venido Laura Herts, clown norteamericana afincada en Francia, y ha montado un esforzado espectáculo de más de hora y media muy divertido y comprometido; dejo la crítica que hice para Diario de Sevilla.

lunes, 3 de enero de 2011

Adelanto 2011. Dos, y "Las fichas" en la Fundición

Vivo alegre estos días porque la semana que viene, el 18, 19 y 20 de enero, vamos a tener lo que auguro como el acontecimiento teatral del año. La trilogía que desde 2004 ha construido Alfredo Sanzol viene al Central. Y se podrá ver también en sesión continua el sábado 22. No tengo palabras; las imágenes de los espectáculos, la crítica de gente a la que admiro y los textos y entrevistas que he leído del propio Sanzol han hecho que en mi cabeza el acontecimiento adquiera tintes míticos.
Pero esto es la semana que viene, anoche en la Fundición tuvimos a Secun de la Rosa con su compañía haciendo un texto escrito por él mismo. Una buena compañía de actores, sobre todo ellas. Dejo la crítica para Diario de Sevilla. ¡Y mañana ciclown y Laura Herts!
Os dejo un video para una bonita sonrisa mañanera.

sábado, 1 de enero de 2011

Estudio 1. El regreso


Y no sólo regresa con nuevas producciones sino que además poco a poco parece que los amigos de rtve están dispuestos a digitalizar los viejos Estudio. Aquí tenéis el enlace (ESTUDIO 1) para que veáis lo que hay y lo que hubo. "La viuda valenciana" es deliciosa, claro, una de las grandes comedias de la historia del teatro con un verso agudo y ligero y poético y encendido, en fin, puro Lope.