viernes, 31 de diciembre de 2010

Adelanto 2011. Uno: ¡Viva el teatro Lope de Vega!

El teatro Lope de Vega me ha conquistado para siempre con la programación que ha decidido para el primer semestre del 2011. Algunas de las cosas que vamos a poder ver me han hecho saltar literalmente de la silla al grito de ¡hurra! -un poco cursi, lo sé, pero me veo incapaz de reproducir la verdadera expresión castiza que lancé-; de todos los espectáculos hay sobre todo dos que ya pensaba que nunca vería "El desarrollo de la civilización venidera", adaptación libre e hipotética de "Casa de muñecas" que hace el grandísimo autor y director argentido Daniel Veronese, del 18 al 20 de febrero; y "Todos eran mis hijos", la obra de Miller que, el también autor y director argentino, Claudio Tolcachir estrenó en El Español y que aquí, en Sevilla, se montará del 13 al 15 de abril. Prometo un episodio individual de Veronese pronto, porque este verano leí su teatro y me pareció deslumbrante. La línea de sangre Beckett-Pinter tiene en él a uno de sus mejores vástagos.
Pero continúo: vamos a tener dos Calderones, a finales de enero, del 27 al 30, "El alcalde de Zalamea" y a finales de febrero "El galán fantasma". Estoy cada vez más calderoniano -aunque Luis se meta conmigo por seguir los extaños gustos alemanes- y no pienso perdérmelo.
Más autores patrios, pero contemporáneos: 1. Jardiel Poncela, del que rescatan -y el fenómeno parece que se está generalizando en nuestras editoriales- "Angelina y el honor de un brigadier" con una puesta en escena y unos actores con los que espero reírme un rato del 4 al 13 de febrero; 2. Juan Carlos Rubio con "100m2", hum, no sé, no sé, acabo de ver el trailer y no sé, no sé, del 3 al 5 de marzo. Y sigo con marzo, del 10 al 13, la quinta entrega del Festival Internacional Escena Mobile, uno de los proyectos más hermosos y singulares de la escena española y apuesta personal del director del teatro Antonio Álamo. Terminamos marzo con, bien, bien, La Zaranda y su espectáculo "Nadie lo quiere creer", dos días solamente, el 18 y el 19.
Abril -y ya acabo-, además de "Todos eran mis hijos", nos trae la última dirección de Miguel Narros en estreno nacional "No te pasees desnuda por la sala" una farsa del francés Georges Feydeau que me interesa mucho mucho, del 28 al 30; y "La fiesta de los jueces", del 7 al 9, una obra a la que la critica trató regular pero qué importa la crítica. Un mes de lo más internacional para contrarrestar los chovinismos de la feria.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

"Krapp's Last Tape" de Samuel Beckett por Harold Pinter

De la Videoteca de Humanidades, un blog con materiales muy muy interesantes, rescato esta maravilla. La he visto dos veces y sólo para escribir estas letras y compartirlo interrumpo el tercer visionado. Emoción, emoción, emoción. Gracias.







domingo, 19 de diciembre de 2010

"Rey Lear" por Peter Brook

Ahí va, contra el tedio navideño, la adaptación de Peter Brook de Rey Lear. La primera parte suelta y luego la lista de reproducción del 2 al 9. Los intervalos están pixelados pero son unos segundos. Sólo dos apuntes: los recursos que emplea para dar cuenta de las diferentes cegueras de los personajes de la obra -gran tema- y la lucha constante entre madurez y juventud. A disfrutar.



viernes, 10 de diciembre de 2010

"Queipo, el sueño de un general" en el Teatro Central


Me pregunto cada vez con más frecuencia si el valor de la crítica no es la pura vanidad o si, más allá del esfuerzo grato de aprendizaje que supone para mí, sirve para algo o para alguien. Tengo claro qué me aporta pero la crítica no va dirigida al crítico como tampoco va dirigida a la compañía o grupo de profesionales que se haya encargado de montar el espectáculo. Estas cuestiones me deprimen aunque afortunadamente tengo amigos, Nacho, Sergio, Silvi, Peter, Nat, que me hablan, escriben o llaman a horas intempestivas y apoyan cariñosamente con algunos matices. Uno de los matices que encuentro en sus críticas es la falta de sutileza en mis escritos sobre teatro. Y es cierto que mi expresión es brusca muchas veces y que puedo dar sensación de enfado pero no es así. Si refunfuño es porque creo que tengo razón y que la incompetencia campa a sus anchas en nuestro teatro. Eso hay que denunciarlo siempre. Otra de sus críticas es que soy poco claro o ambiguo en algunas ocasiones. Sí, soy consciente de que a veces me tiembla la mano a la hora de señalar o emitir juicios negativos sobre un espectáculo porque no quiero herir a nadie pero por otra parte no puedo eludir la responsabilidad que supone este oficio y que, pienso, rema en la misma dirección en que lo hacen el resto de profesionales serios de este mundo: un teatro de profesionales que luchan por elevar y hacer más grande, gracias al talento conjunto, el arte dramático.
Estoy inmerso por tanto en una contradicción: ser más sutil y ser más claro. Creo que no sabré hacerlo así que opto por la claridad y el compromiso con lo que hago. Al menos mientras dure esta experiencia.


Había pensado escribir una nueva crítica de "Queipo, el sueño de un general", con más sutileza, con más distancia y más humor, pero releyendo lo que escribí en Diario de Sevilla he pensado que es suficiente sutil y que explico bien por qué no es una buena obra.

lunes, 6 de diciembre de 2010

"Una gata sobre un tejado de zinc" por Alba Editorial

La editorial Alba, poco a poco está contribuyendo a hermosear las estanterías de nuestro mal editado teatro. Sus colecciones Artes escénicas y Artes escénicas/obras, son buenos libros bien traducidos, bellamente compuestos y con textos adicionales oportunos y de agradecer. Un ejemplo de todo esto es Una gata sobre un tejado de zinc, la obra de Tennessee Williams que la editorial nos ofreció en 2007 con todos estos alicientes:
Introducción, por Edward Albee
Nota al texto y Notas para el escenógrafo, por T. Williams
Autor y director: una relación delicada, por T. Williams
Gatas varias, por Brian Parker
Una obrita de un acto cruelmente divertida "Un análisis perfecto hecho por un loro" y una Cronología sobre Williams que pasa el año 83 de su muerte, llegando al 2004 con la publicación de su correspondencia.
De todas formas, la introducción que Albee (Quién teme a Virginia Woolf?) es realmente decepcionante, unas breves palabras sin mucha gracia ni ánimo que apenas ahondan en la escritura del sureño ni su universo. Sí abre, sin embargo, el debate que luego amplia Brian Parker sobre las revisiones y versiones que Williams hizo sobre Una gata sobre un tejado de zinc: Por una parte tenemos el original de Williams -nacido en parte de uno de sus relatos- e inmediatamente después la adaptación de Elia Kazan para su estreno en las tablas de Broadway en 1955. Williams buscaba a Kazan como un caracol la sombra. Pero Kazan introdujo cambios radicales, una evolución en Brick demasiado brusca al final de la obra, la reaparición del personaje del abuelo en el tercer acto.
Williams era inteligente -y lo deja escrito también por aquí- para entender que una obra de teatro trasciende el texto, y lo hace gracias al trabajo profesional de la gente del teatro, así que asumió muchos de los cambios de Kazan para la versión definitiva, o "solución final" de 1974 que es la que nos ofrece Alba. Por cierto que de la versión cinematográfica no quería ni oír hablar y con razón ya que después de leer este descarnado texto, tan ambiguo, desesperado y sexualmente provocador, la versión de la Metro es un algodón de azúcar. Eso sí, la pareja Taylor/Newman es insuperable, o no...?



En la versión original eran Barbara Bel Geddes con Ben Gazzara, la foto de LIFE. En el papel del abuelo Burl Ives, que aparece en la cubierta del libro esperando en camerinos.


También la versión de otra actriz de voz increíble, Kathleen Turner con Daniel Hugh Kelly...



Y, finalmente, la favorita de Tennessee, Elizabeth Ashley, que interpretó a Maggie la gata junto a Keir Dullea, el que luego fuera protagonista de "2001, una odisea" de Kubrick...




domingo, 5 de diciembre de 2010

Prólogo a "Historia de mi vida" de Antón Chéjov

Prohibido el autobombo, ya sé. Y además este libro no es de teatro, también. Pero, no hago esta entrada para hablar de la altísima calidad del relato de Chéjov "Historia de mi vida" -muy recomendable a pesar de la no muy bonita edición-, sino para dejar la primera parte del prólogo que hice a esta nueva versión de la editorial Paréntesis. Lo confieso, me desvié un poco del asunto del relato, forzando la flexibilidad de la rama, para contar -pero sólo en ese principio de prólogo- una anécdota sobre la aparición de la primera obra teatral del maestro ruso. Hay historias que se pasean por la cabeza como un corcho de cava, siempre dispuestas a salta con estrépito y descontroladamente, pues bien esta es una de esas. Y no pude evitarlo. Como disculpa os dejo al final tres ilustraciones maravillosas en relación al Teatro de Arte de Moscú.

PRÓLOGO

Invitación a un corazón ruso
El Teatro de Arte de Moscú tiene como emblema el dibujo simplificado de una gaviota con las alas extendidas; en el telón de boca del escenario, en sus programas de mano, la gaviota recuerda el éxito en su día y la devoción actual que se profesa al drama de Antón Chéjov. La historia tiene algunos recovecos pero simplificándola es esta: Vladimir Nemiróvich-Dánchenko, además del responsable de que, en sus últimos años de vida, el teatro de Chéjov encontrara el aplauso que le había sido negado hasta entonces, fue el amigo que lo alentó a escribir sus tres últimos dramas. Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos seguramente no existirían sin él. Lo animó sin cesar desde su labor de director artístico y literario del Teatro de Arte de Moscú e incluso, el mismo año en el que La Gaviota fracasó rotundamente en su puesta en escena en San Petersburgo, era 1896, renunció a aceptar el premio Griboiédov por su drama El valor de la vida objetándole al jurado del premio que había elegido su obra como la mejor estrenada ese año, que aquel galardón debía ser para La Gaviota. “He ahí el auténtico orgullo de nuestro teatro –escribía Nemiróvich–. Todavía no lo entienden, pero pronto lo entenderán todos”. Dos años después, La Gaviota triunfó en El Teatro de Arte de Moscú.
Este tipo de actitud, orgullosa y desprendida, radical y justa, que nace de una olvidada dignidad humana, la entendemos y vinculamos, gracias a un puñado de escritores rusos, de Gogol a Tólstoi, con la Rusia anterior a la revolución. Lógicamente esto es un mito alimentado por el genio, pero el corazón siempre pertenece a una tierra y el corazón ruso, sea cual sea la nacionalidad del que lo posea, tiene a veces este tipo de posturas inquebrantables de amor a la justicia que tenía Nemiróvich-Dánchenko. Recuerdo, en Guerra y paz –es inevitable nombrar ya a Tólstoi y más si vamos a hablar de Historia de mi vida–, la réplica que un soldado francés, perteneciente al estado mayor del general Kutúzov, da a alguien que cuestionaba su lealtad ante la invasión napoleónica: “soy francés pero mi corazón es ruso”. Chéjov entendía y luchó toda su vida por este tipo de justicias que aspiraban a la creación de un hombre y un mundo mejor: ayudó a la construcción de escuelas y hospitales, atendió desinteresadamente a miles de tuberculosos y campesinos que perdían sus cosechas, fue un incansable edificador de felicidad y bondad para los que lo rodeaban. Esta actitud, que nos recuerda de nuevo a la que Tólstoi y otros intelectuales rusos pedían tanto en la vida como en el arte, la transmitió a muchos de sus personajes, pero lo hizo de una manera original, distanciándose de los maestros que lo precedieron, y entendiendo que el choque con la realidad de sus personajes los convertían, a pesar de los diferentes programas ideológicos o morales que poseyeran, en perdedores e inútiles, hombres y mujeres capaces de arruinar sus propias vidas y la de la gente que los rodeaba.
(...)
En este enlace os dejo el prólogo completo, ay.

Y ahora las ilustraciones:

Este es Nemiróvich-Dánchenko

Nemirovich

Acto I de Tío Vania en el Teatro artístico de Moscú , 1899. De izq a derecha: Artem (Telegin), Lilina (Sonya), Raevskaya (Maria Voynitsky), Stanislavsky (Astrov), Olga Knipper (Elena), Vishnevsky (Voynitsky)

Uncle Vanya MAT

Y una de las fotografías más emocionantes de la historia del teatro, A. Chéjov leyendo "La Gaviota" al elenco del Teatro artístico de Moscú. A la derecha de Chéjov, Stanislavski sentado, y junto a él, Olga Knipper. La mujer de Stanislavski, Maria Liliana, sentada a la izquierda de Chéjov. Sentado en el extremo derecho de la fotografía, Vsevolod Meyerhold; y Vladimir Nemirovich-Danchenko es el primero por la izquierda.

Anton Chekhov reads The Seagull

jueves, 2 de diciembre de 2010

"Garrick" por Tricicle en el Lope

El increíble e incombustible trio Tricicle cumple 30 años y andan estos días por Sevilla con un espectáculo que estrenaron hace unos años, "Garrick". Supongo que no será difícil encontrarlos cualquier mañana paseando por el Parque de María Luisa o una noche en el Rinconcillo. Los tópicos sevillanos -los maravillosos y universales junto a los más vulgares y populistas- cuentan con uno para mí inexplicable: el de la gente con gracia, ¿los sevillanos? Como en la capital parece asumido que la gracia es uno de nuestros patrimonios inmateriales, la gran Patricia Godino abre la llegada de Tricicle con un titular de los buenos. Suficiente, claro, para que el personal se arremoline y se monte la tremolina. Ains.
Esta fue la crítica para Diario de Sevilla.

domingo, 21 de noviembre de 2010

"La montaña rusa" en el teatro Quintero

El teatro Quintero parece que quiere asumir -no sé si tendrá la constancia conociendo al empresario- el papel que tuvo durante años el Teatro Imperial de la calle Cuna. Comedias ligeras con intérpretes más o menos conocidos que atraigan a un público, de la capital y pueblos limítrofes, que no le pide al teatro otra cosa más que un rato de risas fábula bienintencionada. Por ellos, porque sentimentalmente me siento unido a ese espectador que, como mi abuelo, se escapaba de la interminable jornada laboral para el disfrute sencillo del teatro cómico, me alegra que La montaña rusa haya parado en Sevilla, eso sí, a 30 pelotes la entrada. Aquí os dejo la crítica en el Diario de Sevilla.

viernes, 19 de noviembre de 2010

"Carmen" en el Lope de Vega

Ayer por la noche, camino del Lope, hablaba con un amigo del año Carmen que se celebra en Sevilla y el desastre general de las adaptaciones, no sólo de este año sino de siempre, sobre el mito. En la cúspide de los bodrios recientes lógicamente está la Carmen de Aranda. También exceptuamos la ópera de Bizet que será lo sea pero es un hit. Le decía yo a bote pronto que Carmen se podría hacer como un monólogo de no más de una hora de don José. Que no aparezca Carmen, Carmen está muerta y don José que finalmente se ha librado del garrote, cuenta a regañadientes toda aquella historia que está como en un pasado remoto, en una tierra que no era la suya y rodeado de gente que no era la suya. Pero ahora lo pienso y esta idea me parece un aburrimiento total. Después, la conversación derivó en que estaría bien una adaptación "a la italiana" -la expresión se la robo al amigo en cuestión-, o sea sin tanta tragedia, más despreocupada, sin trascendencia o directamente cómica. Una Carmen que no hace mucho caso del destino de sangre que le muestran las cartas. Una actriz estupenda para hacer esta Carmen sería Cristina Medina, que este mes ha vuelto a la Sala Cero con el espectáculo que estrenara el año pasado "Lo cerebro". Divertidísimo.
Pero volviendo a la sensatez y dejándome de especulaciones ligeras sobre cómo hacer Carmen hoy, lo cierto es que pensar en la adaptación de una obra debe ser uno de los trabajos más complicados que uno se puede echar encima. Todo el tiempo empleado a posteriori y el éxito final va a depende de que el punto de partida sea el correcto, ahí es donde hay que gastar el tiempo y la energía y todo el talento que uno posea.



Sobre la Carmen de Álamo y Zurro escribí esto para el Diario de Sevilla.

La foto de elcorreoweb.

PD. La actriz que sustituyó a Bárbara Lennie en "La función por hacer" fue Teresa Hurtado de Ory.

sábado, 13 de noviembre de 2010

"La función por hacer" en el Teatro Central


Era la primera vez que veía la Sala B del Teatro Central dispuesta de forma circular, hecho que multiplica las incertidumbres a la hora de elegir asiento pero que al espectáculo le sentó muy bien. Anécdotas: cuando ya casi todos estamos sentados en nuestras butacas, un señor se sienta en el banco dispuesto en el centro del escenario. El escenario estaba delimitado por el ancho trazo de un cuadrado aunque luego los seis actores se movieron por toda la sala, entre las butacas, por las escaleras, por todos los rincones. Estábamos en que el tipo se sienta en el banco. El público pide silencio. Él extiende los brazos, pide silencio llevándose el índice a los labios. Nos callamos; al momento se levanta y tranquilamente se sienta en una butaca junto a un grupo de amigos. El típico gilipollas pienso, y siento que lo pensamos todos, pero es justo reconocer que eligió bien la obra, sin él saberlo seguramente, porque aquí se trata la confusión entre el hombre, el autor, el actor, la máscara y el personaje.
Segunda anécdota. Como no se dispone muchas veces de forma circular este espacio, no sabemos los peligros que entraña y uno de los espectadores posó su abrigo en el suelo con tan mala suerte de que un foco del suelo lo quemó. Casi salimos ardiendo pero no hubo interrupción sólo un ligero airecillo a plástico quemado.


Y tercero. Como el plan está como está pues los espectáculos ya no tienen programa de mano, sino que reparten unas fotocopias de gramaje generoso y se acabó. No lo veo mal pero no se pueden acabar las fotocopias dejando a los espectadores sin la información básica del espectáculo. En fin, confiando en que los nombres del reparto y demás profesionales esté disponible en la web del Teatro Central, corro para el Diario de Sevilla a escribir la crítica. Sí, en el Diario se escribe la crítica la noche del estreno. Pero la mala suerte me acompaña y en la web del Central sólo aparece el director de la obra, Miguel del Arco, y el resumen. Llamo al Teatro porque sé que aún están allí ya que había coloquio del público -gran idea y que no decaiga- con el equipo de "La función por hacer". Me dejan esperando diez minutos y al final me repiten un reparto en el que sabía que había una sustitución. Le digo al señor que me atiende que Bárbara Lennie no ha actuado esa noche y que me diga el nombre de la sustituta. Imposible, él me repite que le consta que es Bárbara Lennie pero no. Al final no la pongo en la ficha pero no puedo poner a su sustituta que, igual que sus compañeros, está enorme.
Lo que apareció en el Diario finalmente fue esto.

En el vídeo que ahora pego sí, la que aparece es Bárbara Lennie junto a Miguel del Arco.

’La función por hacer’, basada en la obra de Pirandello


sábado, 6 de noviembre de 2010

"De música y de hombres" en la Fundición


La compañía del Teatre Tantarantana de Barcelona, tiene un acuerdo para el intercambio de producciones con La Fundición teatro de Sevilla. Una fantástica idea que nos permitió el año pasado ver, por esta misma compañía, "Eileen Shakespeare", y ahora "De música y de hombres", un derroche interpretativo de Anna Briansó sobre un texto de una autora -que es también traductora, actriz y directora- que me interesa seguir Helena Tornero. Del espectáculo dejé esto en el Diario de Sevilla.

"Amores rodados" en el Teatro Central

Siempre es emocionante ver cómo los teatreros amigos de la ciudad se mueven y son capaces de montar espectáculos solo del talento y la entrega absoluta a su vocación, que hacen que la vida teatral de la ciudad no desaparezca a pesar de todo. Vi la obra junto a Isa Ramírez y escuché correr el bolígrafo sobre las hojas de su libretita durante todo el espectáculo. Seguro que el rodaje de la obra la hará mejor y más sólida. Fue la noche del estreno de "Amores rodados" de la compañía Sin ánimo de pulcro y dejé esto en el Diario de Sevilla.

domingo, 31 de octubre de 2010

"Yo me bajo en la próxima... ¿y usted?", en la Imperdible

El rumor llega hasta mí por Sergio, al parecer en una universidad alemana cuelgan los retratos de algunos ciéntificos galardonados con el Nobel, hasta aquí todo normal, pero en el retrato de nuestro insigne y nunca suficientemente elogiado Ramón y Cajal se ve no al Nobel español sino a su máscara en tve, o sea, Adolfo Marsillach caracterizado de don Santiago. Y seguro que es verdad y que Marsillach conocía el asunto y no dijo nada, incluso estoy dispuesto a pensar que Marsillach dio el cambiazo una tormentosa noche propicia solo para una sopita caliente al Sturm und Drang. Y es que leyendo las memorias -Tan lejos, tan cerca- del actor catalán uno no puede más que asombrarse de esta personalidad genial pero vanidosa y rencorosa hasta el hartazgo. Todo en esas memorias se convierten, por una cosa o por otra, en un ajuste de cuentas, pero la admiración que provoca el trabajo de Marsillach y sus muchos talentos, además de ser testigo y protagonista de casi medio siglo de teatro español, nos impulsa a seguir leyendo.
Marsillach es Cajal y justo antes de Cajal, justo antes del golpe de estado, en 1980, fue el autor de "Yo me bajo en la próxima... ¿y usted?". Le habían encargado una obrita corta para café cantante, que no excediera la media hora y Marsillach hizo un primer borrador de la obra. Tuvo éxito y se animó a escribir una versión larga. El éxito fue inmediato por varias razones:
1.La pareja protagonista eran Concha Velasco y José Sacrisán
2.Era una comedia ligera con números musicales y lucimiento para los actores
3.El tema era la pareja, la separación y la cuestión sexual
4.El texto retomaba todos los tópicos de la educación del régimen desde la humorada



Y todo esto en los años ochenta fue un auténtico pelotazo. Pero Marsillach no estaba contento, pensaba que el protagonismo de los actores le restaba importancia a su texto. Haro Tecglen en su crítica desde El País dijo que literariamente era "teatro menor" y otras cosas bien traídas. Y eso ofendió mucho al autor, claro.
Sigo con la historia: a Sacristán le ofrecen un papel en la La colmena, y como todos sabemos, acepta. El espectáculo se queda sin actor y el propio autor, que reconoce que ni sabe cantar ni bailar, se ve forzado a interpretarlo. Un mal trago porque no volvió a subirse a los escenarios hasta catorce años después.

El Diario de Sevilla me mandó a hacer la crítica de la nueva adaptación que han realizado desde Producciones Imperdibles. Os la pego a continuación.

MARSILLACH Y LA HISTORIA SENTIMENTAL DE LA DICTADURA
Producciones Imperdibles. / Dirección: José María Roca / Actores: Belén Lario y Javier Castro
Viernes, 29 de octubre / Teatro Duque-La Imperdible / Lleno

Escrita originalmente por encargo y como un juguete de apenas media hora para café-cantante, Yo me bajo en la próxima… se estrenó en su estado definitivo en los ochenta y tuvo un éxito arrollador. Sus dos aplaudidos intérpretes, Concha Velasco y José Sacristán, sacaron adelante este espectáculo en el que, a la vez que se repasaba, junto a un piano, la historia musical de la España franquista, se mostraba las incongruencias y shocks que los cambios sociales provocaron en las mentalidades de los españolitos. Así que yo iba al teatro con la idea de ver a dos intérpretes cantando y bailando y con la curiosidad de comprobar cómo se habían salvado los anacronismos, es decir, todas las referencias a productos y personajes de los años de la dictadura que hoy desconoce una parte del público. Pero ni una cosa ni otra. Es cierto que Yo me bajo en la próxima… sigue siendo un espectáculo musical pero los temas sólo acompañan, en sus versiones originales, la acción de los actores; por otra parte, del texto original se han suprimido algunas partes más oscuras o aburridas para el espectador de hoy pero se han mantenido, con algún guiño contemporáneo, el espíritu y las referencias de esas generaciones que se casaron entre los setenta y los ochenta.



Porque esta es la historia de una pareja. Una historia encantadora y cómica y triste, claro. Un hombre y una mujer se conocen en el metro y terminan casados a los treinta días pero –esto no es una sorpresa– nada es como se esperan: el hombre no ha conquistado a una sirvienta virgen ni la mujer a un amable caballero y apasionado amante. A partir de esta línea argumental se van sucediendo sketches en los que los dos protagonistas, ya desencantados, repasan sus andaduras sentimentales. Una fórmula de éxito con un solo riesgo: encontrar la pareja adecuada que cuente la historia. José María Roca ha apostado para su versión por Belén Lario y Javier Castro, una pareja más que solvente que demostró ya su vis cómica en el espectáculo de larga duración Pareja abierta, producida por este mismo teatro. Belén y Javier componen en esta nueva obra la perfecta pareja progre con más matices de los que esperamos, y dibujan con simpatía esa historia sentimental de una generación que asistió a los cambios más radicales de la sociedad española del siglo XX.

La foto de Marsillach de El País.

lunes, 25 de octubre de 2010

"El cerco de Leningrado" en el Lope de Vega

El montaje de "El cerco de Leningrado" que la semana pasada ha estado en el Lope no me ha motivado nada. Me encanta la expresión: no me motiva. Ni me movió en la butaca, ni después volví a pensar en la obra, ni ahora, al fin sentado, soy capaz de poner en pie un par de buenas ideas con las que resumir o comentar el espectáculo.
Un texto para dos actrices, sí. Un texto que dibuja dos mujeres anacrónicas, ancladas con mayor o menor convinción en ideas marxistas, que conviven en un viejo teatro que fue propiedad del difunto marido y amante de una y otra, también. La búsqueda de un libreto por parte de las dos mujeres ("El cerco de Leningrado") en el que piensan está la clave de la misteriosa muerte del marido-amante. El hallazgo del manuscrito, el mundo moderno que se echa encima del viejo teatro en forma de parking, eso también. Y entre tanto muchas escenas, mucho diálogo pero nada, al menos en mi caso, nada de nada. Un par de sonrisas, admiración por algunos momentos de iluminación, y poco más. Las actuaciones planas, tanto como el texto. La dirección en un "dejar hacer" preocupante. Todo está un poco deslavazado, un poco tibio. Todo lo demás, claro, es aburrimiento.
Y tenía ganas de Sanchis Sinisterra porque él es un poco el maestro de todos. No sólo de la Cunillé, de la que hablaba ayer, si no de otros muchos. Y además está ganando la batalla: Beckett, Pinter, Bernhard, Handke, los grandes maestro que defiende y defendió tanto, se asoman en sus discípulos. Pero bueno, habrá que matar al padre, ¿no?

sábado, 23 de octubre de 2010

"Barcelona, mapa de sombras" de Lluïsa Cunillé


Acaba de ganar Lluïsa Cunillé el Premio Nacional de Literatura Dramática por la obra "Aquel aire infinito", estrenada en 2003 y publicada en 2009 por Ñaque. Después del planeta a Eduardo Mendoza -nuestro prosista más teatral al que me he prometido una entrada en El Diablo-, este premio me alegra y me sirve de excusa para volver a otra lectura veraniega: "Barcelona, mapa de sombras". No voy a repetirme pero sí, pasé unos grandes días en Barcelona este lejano verano y me pareció el mejor momento para leer por primera vez a la Cunillé. Quise, lo confieso, ver antes la adaptación al cine de Ventura Pons "Barcelona, un mapa", pero insospechadamente no encontré una copia en "tota la ciutat", qué cosas.
Escrita originalmente en catalán y traducida por la propia autora, "Barcelona..." juega a la decadencia -de lo general a lo particular-: de una ciudad, de un barrio (eixample), de una casa y sus inquilinos. La ciudad penetra en el texto, ahí está el Liceo, el Paseo de Gracia, como elementos dramáticos, en aquel se originó el amor de la pareja protagonista, en el otro ocurrió la tragedia, el dramático y misterioso accidente que acabó un poco con sus vidas: el Paseo de Gracia es tabú, el Paseo de Gracia hay que quemarlo.
Cinco escenas perfectamente equilibradas -en binomios masculino-femenino-, se sucenden en las habitaciones de una casa de huéspedes. El matrimonio propietario aprovecha esa noche para comunicar a sus subarrendados que deben abandonar la casa y, habitación por habitación, la historia va adquiriendo matices, añadiendo la información justa que necesitamos para saber en qué situación estamos: dos viejos en su hora postrera para los que todo ha acabado y por eso se dice tanto como se calla.
Cada uno de los personajes que visitan muestran un tipo de derrota: el guardia de seguridad que nunca será por una lesión el futbolista que soñó ser; la vieja profesora de francés que vive en el mundo de ayer, desfasada y perdida; la inmigrante embarazada que huye sin descanso de cualquier raiz, de cualquier compromiso. Todo es triste y real y muestra la ambigüedad extraña que llevamos dentro. Pero todas estas historias son subtramas a la gran historia, la historia de la pareja: Ella y Él. Se conocieron en El Liceo, él era el portero, ella una aficionada a la ópera, una historia que nace con una mentira y... el que quiera saber más que lea.
Cómo me gustaría verla, se estrenó en la Sala Beckett de Barcelona en 2004, y en el Valle-Inclán este año 2010. Ahí va el trailer:



La foto de L. Cunillé de EFE.

jueves, 14 de octubre de 2010

"Cinco horas con Mario" en el Lope de Vega

Me voy a ahorrar hablar de la novela del maestro Delibes porque supongo que todos recordamos Cinco horas con Mario, como una lectura de primera juventud seductora y amable. Una de esas primeras buenas lecturas que crean afición y se olvidan. Delibes tenía un don para contar historias y narraba con aplicación y pulcritud. Es visible, sin embargo, y el paso de los años lo hace más evidente, que la adaptación que hizo para el teatro es un monólogo demasiado sencillo, con demasidos trucos y fatalmente popular.


La primera actriz que se encargó de subir a escena Cinco horas... fue Lola Herrera y en el recuerdo de muchos amigos es de las primeras y más queridas funciones de su vida. Yo no vi a Lola Herrera dirigida por Josefina Molina pero ayer vi a una buena actriz, Natalia Millán, "compitiendo" con el aura su predecesora y bajo la dirección y las pautas de la misma mujer, Josefina Molina. Entiendo que todo esto es marketing porque ha habido ya otras actrices en este papel, y que una buena forma de vender esta nueva adaptación era vincularla, sin dejar de agasajar a los padres, a la anterior con frases del tipo: "Natalia Millán heredera o sucesora de Lola Herrera", y que la directora fuese la misma. Pero esas son cosas del empresario, aquí lo que importa es el arte dramático que como se sabe es presente y aire.
No sé cuánto durará la aventura de José Sámano (productor), Josefina Molina y Natalia Millán, pero no creo que la vida de este texto -y quizá me aventuro más de lo que debo- tenga buena salud y lo siga viendo representado dentro de veinte años, que efectivamente sí son algo. Basado en ritornelos continuos, la historia es el ajuste de cuentas de María del Carmen Sotillo con su Mario, de cuerpo presente y que lógicamente aguanta el chaparrón -como le recrimina ella misma- sin inmutarse. Carmen vuelve, una y otra vez, a varios episodios del pasado en los que o bien tiene algo que reprochar a su inocente, idealista y poco apasionado -por intelectual, claro, repite ella- marido; o bien tiene palabras de aprovación por las opiniones de su padre y su madre. Por otra parte, su presente está marcardo por el paso a una edad ya madura, por esa falta de pasión y por querer seguir gustando. El mundo femenino enfrentado al masculino, como el de los triunfadores frente a los vencidos o el de los blancos frente a los negros, pautan las opiniones, verdaderamente reaccionarias de María del Carmen, que es retratada por Delibes -con altísimas dosis de ironía- como la mujer española, católica, conservadora, guardiana de las buenas constumbres y los valores, pero que, no podía ser de otra forma, tiene sus humanas debilidades, como por ejemplo, revolcarse por los matorrales con un tercero. Cosas que pasan.


La función tiene un arranque y una conclusión terribles. La esquela iluminada de Mario y las voces fuera de escena del velatorio son una introducción desconcertante, fría y fatalmente resuelta. La conclusión es un pinchazo escénico de ritmo y sentido que le hace salir a uno del teatro de un mal humor que en mi caso, por fortuna, lo arregló una magnífica cena. En medio, todo el mérito es de Natalia Millán que fue lo mejor de la noche por esfuerzo y por técnica. Se contiene lo justo en la vis cómica y en los momentos lúgubres. Me habría gustado quizá más frialdad castellana, más pausas entre frases no en la rapidez de la dicción que es perfecta y quizá más violencia contenida, más rabia contenida incluso en los momentos de humor.

sábado, 2 de octubre de 2010

"En el cenador" de Jane Bowles

Ir de Sevilla a Barcelona para comprar un libro editado en Málaga no tiene nada que ver con la siempre paranóica distribución de nuestros libros ni con los no menos raros movimientos de mercancías con que la globalización nos sorprende; sino más bien con un plan personal de viajar sin libros e ir comprándolos durante el viaje de verano. Así que en la pequeña montaña de libros que saqué de la librería Central de la calle Mallorca de Barcelona se encontraba "En el cenador" de Jane Bowles, un rescate de la editorial malagueña Alfama que, supongo, quiso aprovechar los fastos de no sé qué centenario de los Bowles. Sea como sea qué gran idea y qué gran traducción y qué magnífico libro nos han proporcionado Carlos Pranger (traductor) y la editorial de Coín.

"En el cenador" es una historia fronteriza, entre Estados Unidos y México, entre la juventud y la edad adulta, entre los sueños y la realidad. Es un teatro que nos suena, sureño a lo Tennessee Willians, descarnado con un toque de locura y de subconsciente plenamente asimilado. Gertrude Eastman Cuevas y su hija Molly viven en su casa de la costa californiana. Su mundo se reduce a esa casa y la relación no del todo buena que mantienen. Molly lee en el cenador durante todo el día y se aisla de la presión de la madre y de las decisiones vitales; su madre Gertude desea una vida más cómoda para ella, piensa en volver a casarse, y ansía que su hija madure. Los reproches continuos, los comentarios hirientes pero con la chispa del ingenio más gamberro y la melancolía de un mundo depresivo centrifungan con la llegada de nuevos personajes a la casa, y entonce el ansia por el cambio, los sentimientos encontrados de amor y odio por las personas cercanas, el precipicio que supone la búsqueda del amor y la seguridad, cambiarán radicamente y en apenas un año sus vidas.


Truman Capote en sus "Retratos", publicados por Anagrama hace tanto, habla de la obra y de Jane con verdadera devoción y a los editores de Alfama se les ocurrió reproducir un estracto de esa semblanza en la contracubierta del volumen.


Pero el texto que realmente tiene interés, aparte lógicamente de la obra, es el que sirve de prólogo, apenas tres páginas que Paul Bowles escribió en relación al proceso de creación de la obra y que explica sin ningún apasionamiento el origen (un encargo del producto Oliver Smith, gran amigo de los Bowles) y los problemas de montaje. Una minicrónica de lujo que nos acerca a los miedos y procedimientos creativos de una gran autora.
Aquí os lo dejo, cortesía de Alfama y traducido por Carlos Pranger. De nada.

Prólogo a "En el cenador" por Paul Bowles
Durante varios años Oliver Smith estuvo diciendo a Jane que con su talento para la construcción del diálogo sin duda escribiría una obra de teatro que él pondría en escena.Ella cumplió y él también.
La pieza En el cenador se concibió y se escribió en Vermont y en París. Jane llevó una copia del primer acto a Nueva York y la publicó en Harper’s Bazaar.Una vez terminada, se entregó la obra a Jasper Deeter, director teatral, y se estrenó en el Hedgerow Theater de Moylan, Pensilvania. Después se volvió a montar en Ann Arbor, con Miriam Hopkins en el papel de Gertrude Eastman Cuevas.
En esta época yo estaba en Marruecos, pero se decidió que la puesta en escena en Broadway llevaría un acompañamiento musical que a mí correspondería componer. Así pues,fui a Nueva York,compuse la partitura,la ensayé e hice la gira con la compañía hasta después del estreno en Nueva York.
El reparto de papeles produjo en Jane algo de ansiedad. Tenía claro que quería a Judith Anderson y a Mildred Dunnock para interpretar respectivamente a la señora Eastman Cuevas y a la señora Constable, pero le resultó difícil rechazar a quienes solicitaban papeles secundarios. Uno de los candidatos fue un joven actor llamado James Dean, que aspiraba a hacer el papel de Lionel. En una de las pruebas a Jane le pareció que era demasiado normal, que carecía de la dosis necesaria de angustia.
Su insistencia en que Gertrude Eastman Cuevas exteriorizase síntomas de frustración y neurosis trastornó considerablemente a Judith Anderson. Fue duro para ella aceptar que un personaje patético fuese ridículo y risible al mismo tiempo. La actriz interrumpió los ensayos bastantes veces, diciendo lastimosamente: "¿Quién soy? ¿Quién se supone que debo ser?". Durante los primeros ensayos hubo un director incapaz de decirle a Judith quién era, o incluso de qué trataba la obra, y la presencia en escena de un psicoanalista tampoco sirvió de ayuda. Estábamos ya en Boston,la última escala antes de Nueva York, cuando se llamó a José Quintero para que tomara las riendas del montaje.
Pienso que las dificultades que tuvo Judith se debieron en parte a que no estaba acostumbrada a interpretar papeles cómicos; en este caso no era Medea, sino una madre confundida y bastante histérica, sin la más remota idea de cómo tratar a una hija adolescente, introspectiva y rebelde.
El señor Quintero consiguió tranquilizar a los actores. En ese momento, Jane comenzó a escribir escenas nuevas con verdadero frenesí, e incluso escribió un final completamente inédito, que complació a todo el mundo excepto a Tennessee Williams.Él prefería el original. Al final creó tres escenas finales diferentes. Nunca he conseguido saber cuál es la que prefiero.
La noche antes del estreno en Boston, Jane se quedó despierta hasta el amanecer escribiendo una secuencia completamente nueva para la señora Constable, personaje que acaba amando a Molly e insta a la chica a que rompa las ataduras con su madre y se marche.
Cuando Jane terminó la pieza, la trajo a mi cuarto para que la leyera. Me indigné al saber que se había pasado la noche en vela, escribiendo, pero entendí que estaba satisfecha con lo que había conseguido, y que quería una reacción inmediata. Estas páginas las escribió específicamente para que las representara Mildred Dunnock. A medida que las leía,me di cuenta de que tiene una enorme utilidad el contacto personal entre el dramaturgo y los actores.
Desde que comenzaron los ensayos, Jane estuvo escuchando las inflexiones y cadencias de la forma de hablar de Mildred Dunnock. Al ser perfecto para la actriz, su texto fortaleció el carácter del personaje y pasó a formar parte de la pieza. "Oía la voz de Mildred en mi interior ―dijo Jane―, y escribí esas frases sabiendo que sonarían bien cuando ella las dijera".
Para mí, ésta es la escena más conmovedora y poética de toda la obra.

Además de las fotos de este vídeo os dejo este link para que sigais cotilleando

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Citas para la rentrée... qué pestiños


El gran Marcos Ordóñez publicó en el Babelia de hace un par de semanas sus "25 citas para la rentrée", un programa que se reparten entre Madrid y Cataluña y que me temo, debido a la crisis de los pequeños autónomos, verbi gratia, yo mismo, no cataré. Pero me animó el artículo a hacer algo parecido con mis citas sevillanas y bolígrafo en mano repasé web a web, la programación de nuestros teatros. Cito los importantes, Lope y Central, en los que la programación es esta a día de hoy:
Del 13 al 17 de octubre en el Lope "Cinco horas con Mario";
del 21 al 24 en el Lope "El cerco de Leningrado";
del 28 al 30 de octubre, también en el Lope, "DJ Peep Show", un espectáculo que el teatro que dirige Antonio Álamo resume de la siguiente manera: “La nueva propuesta de la compañía Excéntrica Producciones es un espectáculo en el que la música, como no puede ser de otra manera, está muy presente. A partir de los textos de Moliere, Lorenzo Da Ponte, Brech, Pushkim y Goldoni, las mujeres son las verdaderas protagonistas de este trabajo”. No entiendo nada, ¿quién redacta estas cosas?;
del 18 al 28 de noviembre en el Lope "Carmen" -sí, sí- por la Compañía de teatro clásico de Sevilla.
Notarán que del Central no dije nada y es que no hay todavía programación disponible en su web.
¿Qué ocurre? ¿Es toda la culpa del Flamenco y el quejío? A mí me parece que es un bodrio. ¿Delibes, Sinisterra y Merimee? Por favor. Rezo porque, aunque tarde, el teatro Central arregle el otoño. Mientras tanto qué aburrimiento y qué pestiño.
Así que voy a recomendar por ahora frecuentar La Fundición que tiene varios espectáculos que me llaman la atención: "Suite" de Carles Batlle por Off Madrid, esto puede estar bien, del 14 al 17 de octubre; y dos obras que muy mal se tienen que dar para que no sean, una, cachonda: "El betis, la marcha verde" del 20 al 24 de octubre, y otra, de interés: "Nuevamente ante ti fascinado" del 29 al 31.
Mientras tanto, ahí están los libros, aparte de los juramentos sobre nuestro triste panorama dramático, para desahogarnos.

martes, 10 de agosto de 2010

'Almuerzo en casa de los Wittgenstein' en el Teatre Romea

Pero antes de hablar del 'Almuerzo...' y antes de hablar del Romea, os dejo tres fotos de Thomas Bernhard. Una con un libro, otra haciendo el prao de su casa y la última en la tumbona, exactamente lo mismo, y creo que es el único parecido al que puedo aspirar, que hice este maravilloso verano entre Barcelona y Celis. Las fotos de Erika Schmied.







Y ahora al teatro: Sí, conocí el teatro Romea -del que, por cierto, Calixto Bieito se despide esta temporada- en Barcelona. Es un teatro sencillo y tirando a ocre, un poco triste, casi como un teatro de la antigua RDA con un buen bar y un vestíbulo un poco a lo hotel de tres estrellas de Torremolinos. Pero está en el ajo, muy cerca de la Rambla, en el viejo barrio Chino y ver la cola de público mezclada con los turistas -una multitud, el menda incluido- y la exótica nueva población del Rabal, da una cierta alegría tonta, la misma, aunque con más hambre, que sentí al salir a la sofocante noche barcelonesa más fresca sin embargo que el interior del teatro. Pero viva el verano y el Grec, que se alargó hasta el 15 de agosto y por eso pude ver:
"Almuerzo en casa de los Wittgenstein (Ritter, Dene, Voss)" de Thomas Bernhard
1.El almuerzo. Esperamos la hora del almuerzo, Ludwig -Voss-, el hermano, interpretado por Mingo Ráfols, ha vuelto a casa después de una larga temporada en un psiquiátrico. Las hermanas, Dene (Carmen Machi) y Ritter (Ángels Bassas) se enfrentan dialécticamente a la hora de explicar la locura del hermano, la situación familiar y sus propias vidas. En torno a la mesa del comedor las réplicas de Dene, la hermana mayor que adora al hermano y es incapaz de ser crítica con su familia, y las contrarréplicas de Ritter, hermana menor, hastiada y crítica con todo pero incapaz de ninguna resolución personal que la aleje de aquel mundo, abarca todo un larguísimo primer tiempo de la obra en el que se espera la hora del almuerzo, momento en el que Voss, el hermano, aparece. ¿Y qué ocurre en el almuerzo?


2.La casa. La casa es el símbolo del pasado, del sitio en el que se encuentran y del que no pueden salir a pesar de los sarcasmos de Ritter, y a pesar de la violencia con que Voss se enfrenta a aquellas cuatro paredes. Pep Duran ha sido el encargado de la escenografía, realista y avejentada, yo en su lugar habría optado por un mayor lujo decadente y por una impresión de ratonera en el espacio, quizá ayudado un poco más por la iluminación. En general me pareció un poco vulgarote pero nos sirve. La casa y todos sus elementos: la vajilla, los cuadros, los manteles, todo huele a pasado, a un pasado que los aplasta. Y hay que romperlo todo.
3.Los Wittgenstein. Durante el almuerzo y después de él ocurre lo inevitable. La violencia se apodera de Voss. Reencontrarse con sus hermanas, con la casa de sus padres, los retratos de sus familiares, con la comida que le preparaban de pequeño, todo ese ambiente burgués que desprecia, y el choque de sus opiniones, tendentes a la desesperación y la brutalidad pero que defiende ante sus hermanas con pasión, provocan su nueva huida de la realidad, una huida en la que arrastra a sus hermanas mientras se discute de filosofía, de música, de cómo afrontar los recuerdos y el futuro, de la locura, de la extorsión y la corrupción de la sociedad, de las costumbres de una burguesía podrida, de la pintura, del teatro, en fin, todo un retrato de una familia que se obliga a mirarse a un espejo retratando, así, un mundo y una época.


La dirección de Mestres es apenas intervencionista con la forma en la que hasta ahora se ha interpretado la obra, pero creo que ha acentuado poco los comentario y momentos humorísticos llevándolos casi siempre a lo grotesco y la desesperación; esta obra sin ese humor amargo es un peñazo, francamente. Quizá los actores se den cuenta pero no llega al público. Creo que en esto Bernhard era un poco tontón; hacía lo que quería, claro, pero tenía como una incapacidad para pensar en el público y en que normalmente los directores se arriesgan poco y que está muy bien que tú te lo pases bien escribiendo y los actores bien actuando pero concede que el público también se lo pase un poco bien. Vi unas caras que no se merecían aquello. Eso sí, si quieres escribir teatro, Bernhard es un máquina de fabricar ideas, un auténtico puesto de churros.

Pd. 1. Existe edición en castellano en la editorial AH, Adriana Hidalgo.
Pd. 2. La obra tiene el nombre de los tres actores que realizarían el estreno mundial: Ilse Ritter, Kirsten Dene y Gert Voss. Aquí el video de estos tres monstruos:



¿Escuchan las risas? No se oyeron en el Romea, ay. Thomas Bernhard puso al comienzo de la obra "Ritter, Dene, Voss. Inteligentes actores"
Pd. 3. Las dos fotos de la obra de Josep Aznar.

jueves, 8 de julio de 2010

"Mi reino por un caballo" aunque sea cada dos semanas

Qué bien, qué bien, qué bien. Los del canal Culturas de rtve se han sacado de la manga, y ya era hora, un mini programa sobre artes escénicas. Es un poco copia pero a lo corto de "Días de cine" y tiene el nombre de "Mi reino por un caballo", frase del final del Ricardo III de Shakespeare, ay. Y que no termino de entender en este contexto, creo que estoy un poco lento. Bueno pues os cuelgo los primeros programas.

Mi reino por un caballo 1 ( 29/05/2010): Peter Brook



Mi reino por un caballo 2 (17/06/2010): John Malkovich



Mi reino por un caballo 3 (1/07/2010): Macbeth



Mi reino por un caballo (15/07/10): Festivales de verano


miércoles, 7 de julio de 2010

De Carles Santos en el Central a Joan Brossa en Barna

Esta fue una afortunada recomendación de Sergio. El 3 de marzo estábamos en el Teatro Central dispuestos a escuchar a Carles Santos que venía a inaugurar el Ciclo de Música Contemporánea con su espectáculo, en solitario y al piano, NO AL NO. Breve, a pesar de los dos bis, e intenso, de una intensidad que pocas veces había visto ante un instrumento, relacionando la vibración del hombre con la fuerza y la materia del piano. Una pareja que se comunica -instrumento y hombre- y que le pide y dice cosas nuevas al otro. Hubo lirismo y violencia, juego y amor. Santos tocaba con los puños una composición repetitiva y brutal, y la concentración y el magisterio del artista envolvía al público, y su esfuerzo apretaba nuestros dientes, éramos uno, hermanados y eternos. El Círculo de Bellas Artes de Madrid, en su siempre sorprendente web, nos deja aquí una grabación parecida, aunque más corta, de la que vimos esa noche.
Yo quería más, no quería que acabara pero acabó y ¡viva Carles Santos! pero ¿quién es el Carles?
Recomiendo una visita a su web. ¿No es fantástico? ¿Qué mundo es este? La Fundación Joan Miró le ha dedicado esta exposición.



Pero ¿cuándo empieza todo? Con los padres, claro, que les hace gracia que el niño toque el piano, pero ¿cuándo el intérprete pasa a ser otra cosa? Estamos en los primeros años sesenta y Carles Santos ya es un pianista profesional, conoce entonces a Joan Brossa y colabora con él. A partir de ahí la interpretación al piano se mezcla con otras disciplinas: la composición, el cine, el vídeo, el teatro, el grafismo. Desde los años ochenta ha ofrecido algunos de los espectáculos escénico-musicales más alucinantes que he podido ver (en vídeo, claro, lo siento).
Si yo fuese un señorito andaluz no seguiría a ningún torero de plaza en plaza sino a este hombre y después de ver este vídeo más aún.



Tiene muchos más en su canal. Promocionales y fragmentos. Pero me interesa uno que no está ahí. Esta presentación de hace dos años -y que rezo por que lo traigan a Sevilla- del espectáculo "Brossalobrossotdebrossat":



Así que el Santos y el Brossa. Joan Brossa es otro asunto, por ahora os dejo aquí la entrevista de A fondo, con Joaquín Soler.



PD. Habrá más y voy prometiendo recopilar en Barcelona todo el material que pueda de los mozos.

domingo, 27 de junio de 2010

Juan Diego Botto y el encuentro de Hamlet con Ofelia

Después de liarse un poco durante los primeros ocho minutos Juan Diego Botto, que hizo hace un par de años su versión de Hamlet, nos hace un pequeño análisis de una de las escenas de la obra de Shakespeare. Y luego os dejo también el paso que hay, y me incluyo, entre el decir y el hacer. Qué difícil es todo.

Cuatro maneras de recrear a Hamlet from Casa de América on Vimeo.


martes, 15 de junio de 2010

Adelanto de la programación del Teatro Lope de Vega

Ayer la prensa recogía algunos de los espectáculos que podremos ver la próxima temporada en el Lope, ya estoy deseando. Volveré más tranquilo a comentarlos pero leyendo el puñado de obras que nos visitarán me ha llamado la atención que Tricicle venga con Garrick, un espectáculo de 2007 que anda ahora por las maravillosas Canarias, y no con La venganza de don Mendo, que estoy mordiéndome las uñas por ver, je. Claro que viendo estas fotos de Garrik, yo no me lo pierdo.


Sobre la pista de la versión del don Mendo de Tricicle, me puso Pepe Serrallé en el Rinconcillo hace unas semanas. A propósito de una conversación sobre Abelardo Linares, el editor de Renacimiento. Pepe me confirmó el rumor, al parecer Abelardo conoce la obra de memoria y basta que le des pie para que continúe donde se lo diste. De los tres monólogos que don Mendo tiene más divertidos (siete y media, puñal/puñalero y el de Moncada en la torre) os dejo aquí el de Moncada por Fernán Gómez, de nada. Sé que no es nada moderno pero estoy bajo la influencia de la conferencia de Boadella (ver entrada anterior) y además es tan absurda y tontamente divertida esta obrita que no me resisto.

domingo, 13 de junio de 2010

Decálogo Joglars, Albert Boadella en la Fundación Juan March

Escuché hace unos meses los ciclos de conferencias sobre Calderón y Valle-Inclán que la Fundación Juan March cuelga en su web. Muy recomendables, sobre todo las de Calderón por Antonio Regalado que, aparte de exponer sus propias ideas políticas sin mucha fineza y el consiguiente tedio, realizó una panorámica y síntesis sobre la época y la producción de Calderón impecable y en alud. Hoy me he vuelto a dejar caer por allí y me he encontrado esto.
Es Albert Boadella dejándonos un coherente y sintético DECÁLOGO JOGLARS, los diez mandamientos que os sitúo y titulo a continuación, vosotros veréis si la escucháis entera. ¡Viva la libertad!

1. Rechazar la fantasía [7'10]
2. No telefonear al que está en el baño [15'45]
3. Acabar con el monopolio de los poetas [24'00]
4. Practicar sistemáticamente el mal gusto [27'11]
5. Defenderse de la modernidad [31'07]
(Hasta aquí la parte estética y ahora la ética)
6. Fomentar los enemigos [40'00]
7. No frecuentar la sopa boba [43,03]
8. Traicionar periódicamente a la patria [51'14]
9. Combatir sin piedad a los nuevos dioses [57'20]
10. No trabajar nunca [64'00]

En fin, una fórmula como otra cualquiera y además con la suficiente ambigüedad para hacer al final lo que le da la gana (el tema de los toros es un claro ejemplo). Lo importante es hacer buenas obras.

Por cierto que Albert Boadella tiene blog dentro de la web de Joglars, el título es "Ráfagas vespertinas del director". Él, tan taurino, seguramente conoce la entrevista a Curro Romero, una mañana que toreaba en Sevilla y que no se había encontrado a gusto con el bicho, en la que contestó: "Hombre, es que ha sido una corrida despertina, por la mañana". Inimitable y desconcertante siempre el de Camas.

sábado, 12 de junio de 2010

Adulterios en el Teatro Quintero


Era la primera vez que entraba en el Teatro Quintero; sí, me salté las Chirigóticas a pesar del paisanaje -gaditanas ellas- y de la curiosidad que me despertaba ver la dirección -me imagino pelín complicada- que Antonio Álamo les hizo; tampoco fui al monólogo de Pedro Reyes, pero bueno a este tercer espectáculo fui y conocí el Teatro, del que tenía referencias por distintos y no siempre benevolentes comentarios. Personalmente me gustó, es un buen espacio para teatro pero pienso que la librería, que han instalado a la izquierda en la entrada, junto a un ordenador con una empleada que hace las veces de taquilla, y que, supongo, es la librera también, debería cuidar un poco más las formas y evitar las sucias cajas de novedades y el desorden total en la colocación de los libros; tampoco creo que el pasillo que forman las mesas para acceder al teatro, ya en la segunda sala donde hay un bar -¡bien!-, sea lo más conveniente ni para el acceso que lo hace dificultoso ni para el bar, allí no se sienta nadie, lógicamente. Tampoco me parece bien, y esto es lo más grave, que vendan butacas con una visibilidad más que limitada, este teatro tiene una anchura y una distancia entre orquesta y primera línea de platea que impide la visión a las butacas menos centradas. Y ese fue mi sitio: lo justo lo justo para ver regular. Me levanté antes de que comenzara la cosa y le eché un vistazo a la pobre sala que Phyllis emplea para las sesiones de psicoterapia -no creo que haya ninguna así en Central Park-. Mala escenografía, la verdad, e inexplicable dadas las facilidades que el minimal y el escenario vacío da para estas cosas.



También ayer fue mi primera vez con Woody Allen. El cineasta y ocasionalmente músico y dramaturgo neoyorquino tiene el inconveniente de poseer un estilo peculiar y reconocible, o al menos la parte más paródica de su producción entra en ese estilo que todos reconocemos; es él, su propia personalidad volcada en su creación.
Otras veces, sin embargo, Allen nos ha regalado verdaderas obras maestras en la dirección de actores, alejándose de la vis cómica más fácil y añadiendo a los roles profundidad psicológica y hastío vital mezclado en un magnífico cocktail de patetismo existencial, tragedia ante la muerte y gotas de humor ácido y cruel. Ese Allen me gusta mucho y era, como digo en al reseña del Diario de Sevilla el que deseaba ver ayer. Nada de eso, Verónica Forqué ha querido no sólo hacer Allen sino hacerlo como Allen, y claro, Allen sólo hay uno.
En fin, poca personalidad en este espectáculo que se deja ver bien y con el te ríes pero que apenas llega a arrancar ni a arropar al público que llenaba la sala.

miércoles, 2 de junio de 2010

Carmen por La Imperdible en el Rectorado de la Universidad

La adaptación de "Carmen" de Prosper Mérimée por la Imperdible en Sevilla es una de las actividades en torno al mito femenino que coge el testigo a las actividades del año pasado que se realizaron sobre don Juan. De mito en mito andamos sin ser capaces de lograr -a pesar del número de publicaciones, conferencias, exposiciones, actos sociales y, claro, espectáculos teatrales- que la cosa trascienda más allá del arco de la Macarena.
Así que, creo yo, deberíamos ver esta Carmen como un souvenir más que como una representación con intencionalidad de obra de arte.
En la crítica aparecida hoy en el Diario de Sevilla, dejo dicho que la obra carece de tensión dramática. ¿A qué me refiero con esto? Entiendo que la tensión entre elementos logra dos cosas fundamentales:
1. La unión, la relación entre partes
2. La expresión de lo que deseas comunicar

domingo, 30 de mayo de 2010

Famous Puppet Death Scenes, 'Famosas escenas fúnebres de títeres' en el Teatro Central



El pasado domingo 23 de mayo fue el segundo y último día que se vio en Sevilla "Famous Puppet Death Scenes", de la compañía canadiense The Old Trout Puppet Workshop, el espectáculo de títeres más divertido, lírico y terrorífico que he visto en toda mi vida y que contó con Nathanial Tweak como conductor del espectáculo. ¿Quién es Nathanial Tweak? Él:


Llevo una semana conviviendo con su recuerdo, con su profunda humanidad, con sus palabras de confraternidad ante el último momento por el que pasaremos todos... con su acento indefinido. En el vídeo anterior lo escucháis en inglés pero aquí, en Sevilla, tuvimos el privilegio de escucharlo en un puro y trascendente castellano. Maravilloso. El sr. Tweak fue el introductor de algunas de las escenas fúnebres: pequeños episodios con un común desensale: la muerte. Sin embargo, cada una de estas famosas escenas -todas inventadas, claro, claro- fue una sorpresa y lo fue por diferentes motivos. Imposible aquí reproducir con huecas descripciones el cuidado escénico y la riqueza material de estos títeres, imposible reproducir los efectos de humor, de poesía surrealista, la pureza espiritual, la emotividad trascendente.

Que vengan más, que vengan mucho, que traigan su Don Juan, que lo traigan todo.

domingo, 23 de mayo de 2010

Shrimp Tales (Cuentos de gambas) de Hotel Modern en el Teatro Central



El viernes 21 de mayo la compañía holandesa Hotel Modern trajo al Teatro Central sus "Shrimp Tales (Cuentos de gambas)", un espectáculo original, de virtuosismo creativo y destreza comunicativa. Lástima que fueran incapaces de mantener el interés en unas historias que, tras la primera media hora y pasada la sorpresa inicial, van sucediéndose incapaces de atrapar al público más allá de la sorpresa de ver humanizados los bichos.


El elenco del espectáculo son unas 300 gambas, que reproducen en más de 50 sets en miniatura otras tantas escenas que explican de alguna manera quién es el hombre y qué hace en el mundo. Uf, demasiado. Para ello van de lo más trivial -gamba colgando un cuadro, por ejemplo, o gamba en el dentista, gamba contra gamba al ajedrez- a otros momentos vitales -gamba muriendo, naciendo-, o históricos -gamba saltando en la luna, etc-. En el making of de arriba se muestran muchos de estos sketches que no duran más de un minuto y que se mueven entre lo cotidiano, lo lírico, lo esperpéntico y otras caras de nuestra horrible, a veces, humanidad.


Los cuatro actores, que logran decir perfectamente todo el texto en español, recorren las diferentes mesas del escenario para crear la pequeña escena y filmarla. Esa filmación en directo se proyecta en una pantalla que es la que el público sigue a lo largo del espectáculo. Los recursos sonoros y la música, todo en directo, corre a cargo de Arthur Sauer. Y esto es un hecho importante, porque la comunicación con el espectador tiene diferentes direcciones, no va sólo de la boca del escenario al público sino que se muestra un escenario que luego se reproduce en la pantalla eligiendo partes y sacando de campo otras. ¿Qué significa esto? Lógicamente una petición y un compromiso. Nos están diciendo, sí, estamos aquí y estas son las tripas del asunto pero te pido que entres en mi juego, esfuérzate por escuchar lo que te cuento. Y ahí radica el éxito del espectáculo, el público se involucra y la gran alegoría de los crustáceos se hace carne.
Hotel Modern tiene una trayectoria increíble. En su divertida web podéis averiguar más y ver otros espectáculos -esto sí os lo recomiendo porque son impactantes- de ellos y de otros.

domingo, 16 de mayo de 2010

La invasión Pinter

Screenplay by: Harold Pinter.
Y si alguien no la ha visto que corra a verla. "The servant", "El sirviente"



Acabo de leer "La fiesta de cumpleaños" de Harold Pinter. Es su primera obra de larga duración -tiene muchas obras cortas- y una de las primeras que escribió. Y uau, me he quedado impresionado. Es del 58, el autor inglés de ascendencia judía tenía 28 años cuando la escribió y está clara la influencia de Ionesco, Genet y sobre todo Beckett. No en vano en la pequeñísima introducción que el editor y traductor (Rafael Spregelburd) ha incluido a este libro, reproduce un texto de Pinter en el que sólo nombra a un autor y una obra, y es "El innombrable" de Samuel Beckett (lo tiene la editorial Alianza en bolsillo). Y sí, esto es teatro del absurdo -tiene ese cierto extraño humor, esas repeticiones, el gusto por lo ilógico y sorprendente-, pero me da la impresión de que también toma elementos del realismo más sucio, del misterio, del thriller psicológico, para llevarnos a un estado de ansiedad que recomiendo para acabar con una tarde de domingo plácida y adormecida como la de hoy.


Para conseguir ese punto de ansiedad, Pinter se vale de personajes -lo hará muchas veces- que se instalan sin motivo aparente en las vidas más o menos normales de otros personajes. Es: "la invasión". Lo inexplicable de la situación provoca la amenaza y la violencia. Obsesivo, cargado de silencios, con una comicidad que apunta a la alienación del hombre, todo en un espacio cerrado -el salón de una casa en este caso-, un punto de sexo, un punto de misterio, un punto de hechos impredecibles, ése es el teatro de Pinter que he encontrado en esta obra. Todo un descubrimiento que me ha provocado muchas muchas cosas.
Por cierto, la obra no tuvo éxito en su estreno. Cosas que pueden pasar en Londres y en Sevilla, pongamos.