viernes, 8 de abril de 2011

"La fiesta de los jueces" en el Lope de Vega


La historia es un cuento maravilloso lleno de símbolos y mala leche. Tiene su viejo "lobo" corrupto y sus jóvenes amantes pero es más; es una divertida crítica social contra el estamento jurídico y cómo la burocracia lo enfanga todo, quien viva en España lo entiende. Además la obrita tiene su punto psico y profundo en la forma de plantearse: está el sexo, claro, y la conveniencia social, y la lealtad. Su autor, Heinrich von Kleist, se puede convertir rápidamente en una obsesión para cualquiera. Estamos en el nacimiento del romanticismo, Europa es devorada por Napoleón y un joven von Kleist es un soldado prusiano derrotado una y otra vez en el campo de batalla y en los ambientes intelectuales. Sus dramas no se representan, sus obras se olvidan o son ignoradas. Viaja por Europa, lanza panfletos y abre revistas contra el invasor francés. Con apenas treinta y cuatro años se suicida junto a su compañera y musa a la que, enferma terminal, dispara para luego terminar con él mismo. Von Kleist ist ein klischee, pienso luego, je. Sí, es como ver el ideario romántico llevado a la práctica. Un romántico de libro. Su espíritu tuvo todos los inconvenientes y debilidades de esa ingenuidad romántica, el nacionalismo y el sentimentalismo, pero también tuvo la grandeza, el amor y la juventud plena. Por otra parte, estas debilidades, al menos en el caso de "El cántaro roto", obra en la que se basa esta fiesta de jueces, no se filtraron a sus historias. Si uno ama a un autor es difícil no sentarse en el teatro a escuchar a un amigo. Tengo que leer su ensayo sobre teatro de marionetas.
Aquí la pequeña crítica del espectáculo.
Y ahora un montaje en München bajo los efectos, creo, de setas alucinógenas con doble subida de telón incluida, y el que viaja por España.