
Me estoy centrando en los actores -son Carlos Hipólito, Ginés García Millán, Alberto Jiménez, Andrés Herrera, Gonzalo de Castro, Jorge Bosch y Alberto Iglesias- porque "Glengarry" es una obra de actores. Aquí los discursos no llevan a ningún lado (¡son vendedores!), podrían estar hablando media hora de tonterías, de cómo es la vida, de cómo es la gente, pero ni ellos se lo creen. La trama no es nada, un pequeño robo, problemas familiares, que no venden, cuestiones de falso orgullo, ansia de dinero. Pero Mamet hace una gran obra, como en "American Buffalo", para decirnos: esta es la vida, pasa poco y es cutre pero le pasa a gente y a esa gente hay que conocerla. Esto es muy americano y me encanta. A parte, por supuesto, Mamet conduce muy bien la trama hacia el fracaso pero que es un fracaso que realmente ya está instalado en las vidas de estos hombres.


La dirección de Daniel Veronese -es la primera vez que veo un montaje suyo- ha optado por conducir la obra con una velocidad del diablo. No hay descanso en este día en la vida de estos hombres y no se para de hablar y no nos paramos de mover. Debemos convencer a todos de lo que decimos (¡somos vendedores!) y sacar todas nuestras armas, y entre las armas está la actuación, claro, estos personajes actúan. Ha cortado el texto suficiente para despachar una obra que dura dos horas, como mínimo, en hora y veinte con la lengua fuera y el corazón en un puño. Y cuando salí del teatro estaba disgustado porque quería más teatro pero hoy estoy contento. Y no se me va de la cabeza cómo reforzó Veronese la estructura de la obra, dejando un esqueleto perfecto, lleno de sucio lenguaje de ventas y potencia dramática. Es una barra de hierro esta versión de la obra de Mamet.
La obra en España está publicada por Cátedra en las Letras Universales, junto a otra obra "Casa de juegos", y si no la tuviese en casa saldría corriendo, con viento o sin él, a por ella.